Jaime de Marichalar, cada vez más cerca de Donald Trump

El presidente de la empresa de la que es consejero, Bernard Arnault (LVMH), visitó al nuevo presidente de Estados Unidos

Foto: Jaime de Marichalar en una imagen de archivo (Gtres)
Jaime de Marichalar en una imagen de archivo (Gtres)

Jaime de Marichalar se ha mantenido durante estos años con un perfil muy bajo tanto en el plano laboral como en el personal. Sus Navidades han sido discretas y compartidas con sus hijos, Victoria y Froilán, y el resto de su familia, y han estado divididas entre Madrid, Soria y Estados Unidos, donde viajó recientemente. Parece que el motivo de ese desplazamiento era acompañar a su hijo al internado y encontrarse con el doctor Valentín Fuster en Nueva York.

Esta sería la versión más personal, aunque también habría una de tipo profesional, que sería encontrarse con el grupo que acompañó a Bernard Arnault, propietario del conglomerado Louis Vuitton Moët Hennessy (LVMH), a su encuentro con el presidente Donald Trump.

Donald Trump junto a Bernard Arnault (Gtres)
Donald Trump junto a Bernard Arnault (Gtres)

Jaime de Marichalar no ha querido confirmar ni negar este aspecto cuando Vanitatis se ha puesto en contacto con él. En cambio, en su entorno no ha resultado tan disparatado que el exduque de Lugo haya tenido o tenga en un futuro una relación con el equipo de Trump a través de su jefe y amigo, el magnate Bernard Arnault, en cuya empresa Marichalar trabaja de consejero. De hecho, el exduque ha coincidido en varias ocasiones en los desfiles de París con Ivanka Trump.

Arnault, considerado el hombre más rico de Francia, quiere expandir su negocio en tierras norteamericanas, por eso declaró en la rueda de prensa posterior al encuentro con Trump: “Tengo intención de abrir dos nuevas fábricas textiles, posiblemente en el estado de Carolina de Norte y en Texas”. Trump, por su parte, respondió: “Va a hacer cosas maravillosas en este país. Creará muchos puestos de trabajo. Le gusta mucho Estados Unidos”.

Bernard Arnault y Marichalar en un desfile en París (Gtres)
Bernard Arnault y Marichalar en un desfile en París (Gtres)

“Para Jaime sería una buena oportunidad profesional y una manera de vivir otras experiencias. Ha pasado temporadas en los Hamptons y en Nueva York cuando estaba casado y mantiene amigos de aquellos años. En Estados Unidos haber sido marido de una infanta de España tiene tirón”, aseguran a Vanitatis.

Auge y caída

Durante los años que duró su matrimonio con la infanta Elena, todo eran parabienes para Jaime de Marichalar. Se sentaba en consejos de administración de empresas del IBEX y de firmas de lujo como Loewe, donde su presencia era requerida. Llegó a dar el visto bueno a los escaparates. Aparecía como referencia en Credit Suisse y en varios puestos de representación, caso de la aseguradora Axa, donde recibía un sueldo mensual importante, así como su visibilidad en la fundación de la compañía. En esta última era fijo en las convocatorias culturales que organizaba María Teresa Ortiz-Bau. Ella era la artífice de las visitas guiadas en el Museo del Prado y presentaciones literarias que daban brillo a la fundación. Marichalar no solía participar en esos recorridos, pero sí en el cóctel posterior donde su presencia nunca pasaba desapercibida.

La infanta Elena junto a su exmarido, Jaime de Marichalar (Gtres)
La infanta Elena junto a su exmarido, Jaime de Marichalar (Gtres)

Su currículum académico no era el mejor y tampoco la experiencia laboral en ese tipo de responsabilidades. No importaba, porque no se buscaba un desarrollo de negocio, sino contar con el yerno del Rey Juan Carlos. En esos años se creó una mala fama por parte de los que él podría considerar sus amistades recientes, cuando en realidad eran palmeros circunstanciales que filtraban algunas de sus excentricidades. Después vino el ictus y esos comentarios se recrudecieron con maledicencias y hasta difamaciones. Fue una malísima época y no solo por la enfermedad que le cambió el carácter, sino porque ya su matrimonio no funcionaba y pasaba a ser un personaje molesto dentro de la familia real. En aquellos años el ideal de yerno era Iñaki Urdangarin. Un hombretón de anuncio: guapo, rubio, deportista y pendiente de la infanta Cristina.

El futuro cambiaría esa versión de perfil de anuncio. A punto de recibir la sentencia por el caso Nóos, donde el fiscal pide 19 años con cinco meses para el que fuera la mejor representación de los cuentos de príncipes y princesas, Marichalar representa la discreción y hasta la generosidad. No se ha lucrado con ofertas atractivas y millonarias que durante todos estos años le han puesto en bandeja. A las presentaciones sociales a las que acude lo hace por trabajo, como es en el caso de las firmas que pertenecen al grupo LVMH, o por amistad con el joyero catalán Esteban Rabat.

En su día se dijo que podía convertirse en asesor con sueldo, pero hasta ahora cuando lo hace no hay compensación económica. Puede ser que en un futuro intervenga en una línea de joyería, pero por el momento esa faceta no está cerrada en el plano laboral.

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