La alacena de Carlos Herrera

LA ALACENA DE CARLOS HERRERA

La Cata Ciega, en el Puerto de Santa María

Un paseo por el Puerto de Santa María cubre casi todas las expectativas placenteras. Bien lo saben los veraneantes habituales de la localidad gaditana o los
Foto: La Cata Ciega, en el Puerto de Santa María
La Cata Ciega, en el Puerto de Santa María
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    Un paseo por el Puerto de Santa María cubre casi todas las expectativas placenteras. Bien lo saben los veraneantes habituales de la localidad gaditana o los visitantes ocasionales que se dejan caer de tanto en cuando. El paisaje urbano, las playas y su oferta gastronómica bien justifican unas horas o unos cuantos días, de bodega en bodega o de barra en barra. Me gusta la solera de Casa Paco, la irreverente creatividad de Aponiente -con un Ángel León cada día más audaz-, el afamado pan de la casa -mechada y jamón- de La Bodeguilla del Bar Jamón, las ideas sabrosas del El Laúl, el desbordante Brillante -¡ese gordo!-, desayunar en Los Pepes o comer en Ca Antoñín. O saborear los vinos de la tierra en la Bodega Obregón, o visitar Lustau, Osborne, Caballero, Colosía, donde se crían los aromas que dan olor al pueblo.

    Un trío de aficionados al buen vino ha abierto un interesantísimo local en la calle Ribera del Río, en todo el cogollo -aunque con un par de parkings a la vera-, en el que degustar copa a copa lo mejor de la tierra. De toda la tierra española. Se llama La Cata Ciega y es el lugar idóneo para los consumidores curiosos, para los buceadores de bodegas de escasa producción, en el que saborear tintos o blancos de toda procedencia y de precio justo. Desde un euro hasta tres por copa uno va degustando vinos de extraordinaria originalidad, difíciles de hallar en comercios habituales y que suponen grandes sorpresas. Altún o Señorío de Cuzcurrita, por ejemplo. O tantos otros que nos despiertan interés por saber qué se esconde tras sus desconocidas etiquetas.

    Este tipo de locales ha experimentado un cierto auge en los tiempos recientes, aunque muchos tienen un pero: suelen ser de buen gusto pero no todos saben acompañar la copa con la ingesta necesaria para amortiguar la cata continuada. Aciertan en la selección de vinos pero yerran en la oferta sólida -a veces no conservan el vino en la temperatura adecuada, por lo general un punto más fresco, que no frío, de lo que se suele servir-, y entonces mengua mucho el placer. En esa tapa fría han acertado contundentemente los amigos portuenses. Tostas novedosas, atún en manteca de roqueo, buen salmorejo y casi cada día un pequeño guiso casero que hace las delicias de los clásicos. Y la conserva de primera calidad.

    En ese último ámbito destaca la anchoa. Y cuentan con la que, para este zampabollos que escribe, está la primera en el difícil ranking de la excelente serie de Engraulis Encrasicolus que se confeccionan en España: Sanfilippo. El sabor profundo, profundísimo de la anchoa de esa casa hace que sean consideradas piezas de joyería por los seguidores de esa fantástica conserva. Seguramente hay mucho que discutir al respecto, pero las series limitadas y numeradas, el transporte en frío, el trabajo minucioso para no dejar ni una espina, la selección del bicho, su salazón la colocan en la cúspide. Claro que así cuestan: una anchoa sale por lo que una copa de vino, pero vale la pena. En Santoña bien lo saben. Visitar la población cántabra es sumergirse en un mar de calidad y de contrastes difícil de olvidar.

    Cualquiera podrá recordar de por vida el momento en el que saboreó algún ejemplar de Don Bocarte, de Nardín, de Solano Arriola, de Emilia, de El Capricho, de Angelachu, o de cualquiera de las que se trabajan bien en esa localidad o en otras de tradición nada despreciable, como la paisana Castro Urdiales u Ondárroa en el vecino País Vasco. Fue una sorpresa encontrarme en su carta con la lata incomparablemente presentada de Sanfilippo. El día que me tengan la hueva de atún de Gourmet El Puerto, junto a la plaza de toros -otro lugar más que aconsejable en el que Manolo y Paqui exhiben un catálogo imbatible-, ya no me muevo de su barra. El agrado, en fin, y los precios bien medidos de este comercio vinícola hacen de él una visita obligada tal y como se entra en uno de los lugares con más encanto de Andalucía.

    #11
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    5 No mediga que usted tambien es del club del ladillas. Menuda panda de guarros.
    Y ahora unos consejos....
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    #10
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    Sanfilippo. Descendientes de los salazoneros italianos instalados en Cantabria, la familia Sanfilippo elabora las que seguramente son las mejores anchoas de España. Piezas grandes, tersas, con sabor intenso y perfecto punto de sal. Se venden tanto en salazón como en aceite de oliva. Precio: Lata de 220 gramos, 37 euros.

    Sanfilippo no, Sanatracco.

    Jejeje...
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    #9
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    Carlos, para cata a ciegas la que hacemos en cada consulta electoral!!
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    #8
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    Tiene coña que nos recetes tantas delicias cuando nos deberias de recetar la dieta que te ha hecho perder 10kgs....joerrr....delgaito que te ves...
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    #7
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    Carlos Herrera esta claro que la cocina es lo tuyo.Hazte cocinero profesional honrado y no seas un vendido ni el perrito faldero que ladra en onda cero a las ordenes del pp.
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    #6
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    10


    ¡¡¡ Qué despelote !!!


    Me rindo, espero que te contesten Vespasiano o Rouco.


    Saludetes.
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    #5
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    8



    7 Al tonto, al paleto y al inculto se le descubre por su obscena chulería.



    ¡¡¡¡¡¡ AM
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    #4
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    5 4 acote, apunte y afine, osoleto, que diría Pepiño


    Bebla afortunadamente no te conozco de nada; como esto se supone que es un blog gastronómico no me voy a andar con rodeos:

    a- ¡¡ Qué te den por donde amargan los pepinos !!

    b- ¡¡ Vete a freír espárragos !!


    Saludetes.
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    #3
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    ¡ Cuantas pavias me he tragado en Casa Paco, hasta de desayuno .. !


    El Puerto de Santa Maria era una de las ciudades más bellas de Andalucía, a lo que se añadía que cuenta con una historia capaz de competir con cualquiera de las ciudades blasonadas de España. Lastima que el desarrollo urbanístico salvaje durante 30 años la haya convertido en una población adocenada más.


    El pentágono que forman la plaza de toros, la iglesia prioral, el mercado de abastos, la ribera del río Guadalete [Parque Calderón], y el Castillo de San Marcos, el centro de El Puerto, conserva bastante del atractivo de lo que la ciudad fue en su día.

    En lo que respeta a pasear, copear y tapear uno de los lugares más agradables y mejor comunicados de la Bahia de Cádiz.


    Saludos.
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    #2
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    La opinión de esta experto en ladillas y lavatibas me trae sin cuidado.
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    #1
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    He hecho varias catas a ciega despúes de la cena y no hemos distinguido el blanco del tinto.

    Me da vergúenza confesarlo, es verdad que era cuando rondábamos los veinte añitos, aún sin recorrido vinatero, y después de estar muy cargados del vino de la cena, pero el caso es que no soliamos acertar.

    La cata a ciegas las hacíamos con blancos y tintos de la misma bodega [López de Haro], a la misma temperatura, y en una proporción de situar un blanco cada tres tintos. Casí nunca lo localizábamos.

    Supongo que con un amontillado o un fino no nos ocurriría. Al menos eso espero.



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