Gran Canaria, una isla para soñar sin cerrar los ojos

Existen varias razones por las que quisiera hablaros de Gran Canaria, y perdonad mi atrevimiento. La primera, y a ella se lo dedico, es por mi
Foto: Gran Canaria, una isla para soñar sin cerrar los ojos
Gran Canaria, una isla para soñar sin cerrar los ojos

Existen varias razones por las que quisiera hablaros de Gran Canaria, y perdonad mi atrevimiento. La primera, y a ella se lo dedico, es por mi familia política, que me demandaba que lo hiciese. ¡Me considero un godo (ja, ja) muy pro-canario!

La segunda razón, y ahora me pongo serio, es aportar mi granito de arena para ayudar a recuperar la imagen y sintonía de esta isla, que ha sido tan maltratada últimamente en televisión. ¡No entiendo muy bien por qué! Nunca he visto un caso así, donde se magnifican actitudes minoritarias del espectro turístico, sin pensar en las consecuencias para un pueblo. Creo que con críticas constructivas, y no de las que hacen subir la audiencia, podríamos reflexionar, y como consecuencia, mejorar el estatus turístico de Gran Canaria.

 

Como ya os dije, la exposición de determinadas actitudes o formas de hacer turismo, que corresponden a expresiones de libertad, y que además, rentabilizan nuestros recursos, no han de generar una corriente negativa y oscura de todo lo que representa Gran Canaria. ¡Debe ser todo lo contrario!

 

Y la tercera razón es algo que siempre me ha llamado la atención. Yo me considero madrileño, nací y crecí aquí. Pero también me considero colombiano, por ser mi madre de ese país al que estoy unido en cuerpo y alma. Me faltaba una pieza para encajar mi España actual con esa Iberoamérica que conozco. Era consciente de compartir un idioma, pero los acentos, expresiones y forma de interrelacionarnos eran totalmente diferentes.

 

Cuando fui por primera vez a Gran Canaria, todo hizo ¡clic! y encajó. Cuántas similitudes. Los grancanarios tienen un carácter abierto y hospitalario, con un gran sentido familiar, como me demuestran cada vez que vamos a visitarles. Es la región de España que más se asemeja a Sudamérica. ¡Hasta una de las comidas típicas de Gran Canaria, el sancocho, es también una de las comidas típicas de Colombia! Bueno, y cuando les veo bailar salsa parece que estoy en Cartagena de Indias.

 

Las Palmas de Gran Canaria, capital de la Historia

 

Empecemos por su capital, Las Palmas de Gran Canaria, y concretamente, por esa joya de barrio, gran exponente de la arquitectura colonial, Vegueta. La plaza de Santa Ana, antiguo centro administrativo y religioso que se exportó más tarde a toda la América colonial. De planta rectangular, en ella se situaron las sedes de los poderes públicos y religiosos con un emplazamiento claramente planeado: la Catedral en el naciente, el Ayuntamiento y la Real Audiencia en el poniente y el Obispado en la esquina más próxima a la Catedral,  con sus estatuas de perros bardinos en pose de vigilancia, o de bienvenida, típicos de la isla.

 

Las Canteras, enclavada en plena ciudad, es de las playas familiares más divertidas.

Siguiendo por la calle Doctor Chil haciendo esquina con la calle Doctor Verneau nos encontramos con el Museo Canario, dedicado a la investigación de la Prehistoria y la Historia de Canarias. Exhibe en sus salas, de manera permanente, su colección sobre la población aborigen de Gran Canaria. Junto a la Plaza de San Antonio Abad se encuentra la Casa Museo de Colón, antigua casa del Gobernador donde pernoctó Cristóbal Colón durante su primer viaje en 1492 que hoy alberga un museo sobre la historia de las islas y de América. En uno de los inmuebles que la conforma nació además el tenor Alfredo Kraus.

Es aquí donde están proliferando los bares con terraza como el Bar Mendizábal (C/ Mendizábal), o como la Taberna Macabeo, donde puedes picar y beber. Dejando Vegueta, y cruzando el barranco del Guiniguada, entramos en la ciudad comercial y tradicional. Les recomiendo un paseo por la calle, ahora peatonal, Perez Galdós, y cerca del Conservatorio, para comer en Deliciosa Marta (928 370882), llevado por esta pareja catalana-canaria, cuya cocina de mercado bien elaborada es un lujo al paladar.

 

De compras, la calle Triana es genial. Y no sólo de compras, ya que iréis saludando a diestro y siniestro. Cerca de este barrio os  aconsejo, en la calle Tomás Morales, el restaurante 17 Grados (928 384475), llevado por Héctor, colombiano afincado en Gran Canaria, con una mezcla de estilos y sabores, digna de mención.

 

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La playa de las Canteras, enclavada en plena ciudad, en la zona del Puerto, es de las playas familiares más divertidas. Antiguamente era la playa de veraneo y ha mantenido ese carácter hogareño. Una muestra es el famoso Muro Marrero hecho por la familia de los abuelos de Carlos, para contener las subidas de la marea y el embiste del mar.

 

Les recomiendo para comer un restaurante típico, La Cuchara, donde prima la mejor materia prima de la isla. Dejaos aconsejar por Tucha, su dueña. Tiene un sexto sentido cuando atiende a un cliente. Otro que me encanta, por estar prácticamente encima del mar, en La Puntilla, se llama La Marinera. Desde las clásicas papas arrugás con sus mojos o pellas de gofio hasta pescados frescos, bienmesabe, etc…

 

En el barrio de Guanarteme, junto a Las Canteras, hay un restaurante japonés, super-nuevo, llamado Benkey (928 472513). Muy bueno. Después de cenar, el punto de encuentro para la primera copa es La Terraza del Centro Comercial Sotavento, en el muelle deportivo. Gente guapa donde las haya.

 

En mi última visita, y por recomendación de mi suegro, D. Manuel Marrero, fuimos a visitar uno de los restos arqueológicos más importantes de Canarias, la Cueva Pintada, en el pueblo norteño de Gáldar. Los restos se encuentran en el centro del pueblo. Sorprende estar visitandola, rodeada como está de viviendas y oyendo los ruidos típicos de nuestra era.

 

Donde antes se plantaban plataneras, por casualidad se encontraron los restos mejor conservados de una aldea aborigen. Su nombre original, Agáldar. Es curioso, el origen del nombre de la isla se debe a la gran resistencia que sus aborígenes opusieron a los conquistadores. ¡Ahora entiendo por qué Carlos, es tan tozudo!

 

Otra joya de la naturaleza, porque hay que verlo para creerlo, es la playa de Maspalomas y su Parque Natural, Las Dunas de Maspalomas, en el municipio de San Bartolomé de Tirajana. ¡Una pasada! Gran reclamo turístico, y deliciosa para caminar. Recuerdo ir en febrero y estar tomando el sol. Me consta el esfuerzo de las autoridades por proteger este espacio. Las vistas desde el mirador del hotel Riu Palace son inmejorables.

 

Aquí, en el Sur de la isla, en la Playa del Águila, se encuentra el restaurante Bamira (928 767666) con mención en la guía Michelín, atendidos por Herbet y Anna, donde se fusionan las cocinas asiáticas y centroeuropeas.

 

Aquí, en el sur de Gran Canaria, se concentra la marcha, que es potente. En Playa del Inglés, en el Centro Comercial Yumbo, hay una gran oferta de sitios gay, aunque los ambientes están muy mezclados gracias al carácter tolerante de los canarios. La primera copa, en el Café Latino, caminas por el Mykonos pasando por el Mantrix, para acabar en Heaven, templo de la música dance.

 

Desde Tafira hasta Artenara podemos ir subiendo como por una escalera de plantas y flores.

El sitio de moda, en el reciente desarrollo turístico de calidad, Costa Meloneras, es Amadores Beach Club. Puedes cenar y después tirarte en una de sus camas balinesas y disfrutar de un espacio con música lounge. Los mejores hoteles y spa de la isla se encuentran aquí. Si quieres seguir bailando, las opciones son Pacha, Chic y Venice Beach, todas en Playa del Inglés. Recuerdo maravillado la excursión que hicimos al Puerto de Mogán. ¡Qué cosa tan bonita! Con canales entre sus construcciones, una preciosidad.

De Gran Canaria dicen que es un continente en miniatura, ya que te puedes encontrar todos los climas, como un invierno que estuvimos, donde pasamos de estar con nieve en la cumbre a la playa. La carretera hacia el centro de la isla desde la capital produce sensaciones muy variadas. Desde Tafira hasta Artenara podemos ir subiendo como por una escalera de plantas y flores.

 

¿Quién se resiste a un potaje de berros?

 

El Roque Nublo es uno de los monumentos naturales de la isla. Estamos en La Cumbre, donde las vistas se alargan y el silencio te llena. Dos pueblos cumbreros merecen su visita. El primero, Tejeda: aquí las casas albeadas exponen sus flores chillonas, en una quietud majestuosa, para luego llegar hasta Artenara, la atalaya de la isla, un pequeño reino de humildad, un lugar fantástico para el recogimiento y la contemplación.

 

Pero… ¡no sólo de paz vive el hombre! Hay que reponer fuerzas degustando un potaje de berros con queso de la Cumbre, que se consigue en cualquier bochinche o restaurante de estos pueblos, y si te quedas con hambre, recomiendo una garbanzada, o también ropa vieja, y entonces ya puedes tumbarte sobre la pinocha del pinar de Tamadaba, para ver desde las alturas como cae el sol sobre el océano Atlántico, detrás del Puerto de Agaete.

 

Ya de vuelta, en el Parque Natural de La Caldera de Bandama, os recomiendo comer en esta antigua bodega y lagar restaurado, El Bodegón de Bandama (928 352754), especializados en carnes y donde suelen tener sesiones de jazz en vivo. Seréis estupendamente atendidos por sus anfitriones, Beatriz y su hermano Álvaro (Os mando un beso).

 

Espero haberos creado un poco de curiosidad e inquietud acerca de esta maravillosa y dinámica isla. ¡Dejaos influir por sus gentes y disfrutad!

 

Imágenes cortesía del Patronato de Turismo del Cabildo de Gran Canaria

 

La mochila de Kike Sarasola
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