CARTA DE AJUSTE

Yo sobreviví a las cenas de Navidad de Atresmedia y Mediaset y quiero contar mi testimonio

Si hay algo particularmente terrible de estos días, algo que me inquieta, me atormenta y me perturba son las copas de Navidad para la prensa de Mediaset y Atresmedia. Me quitan la vida porque yo tengo un problema de nacimiento que me impide sonreír

Foto: Ilustración realizada por Jate para Vanitatis
Ilustración realizada por Jate para Vanitatis

A mí la Navidad me gusta, pero los días previos me sacan de quicio, sinceramente. La dichosa cena de tu empresa, las quedadas con gente que no sabes exactamente cómo se llama, lo cual te obliga a hacer un uso indiscriminado del pronombre, o el puñetero Primark de Gran Vía, ese donde compra Sorayita, cuya cola de acceso confluye a la altura de Callao con la de la administración de Doña Manolita dando forma a una espiral interminable de rostros anónimos que vistos desde el cielo, en plano cenital, deben de componer algo parecido a la cadena de ADN de la estupidez humana.

Les diría por ejemplo que la fiesta de Atresmedia fue un soberano coñazo con homenaje al cante jondo incluido, pero me dieron una paletilla de jamón cuando abandonaba el establecimiento y no voy a morder la mano que me da de comerPero si hay algo particularmente aterrador de esos días, algo que me inquieta, me atormenta y me perturba a partes iguales, son las copas de Navidad para la prensa de Mediaset y Atresmedia. Me quitan la vida porque yo tengo un problema de nacimiento que me impide sonreír sin ganas. He visto a infinidad de doctores, curanderos, incluso a Esperanza Gracia, pero ni el cosmos ha podido hacer nada para remediarlo. Cuando curvo el labio de forma fingida me da un tic rarísimo en el ojo y la cosa empeora. En una ocasión viví un episodio terrible con un alto cargo de Telecinco que se confundió con esos guiños involuntarios. Tuve que apelar al futuro de los tres hijos que no tengo para que aquel hombre me desagarrase la cintura.

Por eso cuando voy a este tipo de eventos me acuerdo mucho de la Reina Letizia. A mí me da mucha envidia esta señora, porque sonríe de maravilla. Necesito con urgencia el número de teléfono de su profesora. También es cierto que cuando te pagan tan bien por hacer una cosa, pues le pones más ganas.

Paletilla ibérica, que algo queda

Cuando un tío millonario llamado Silvio o Paolo te invita a una fiesta, tú piensas que aquello va a ser la hostia. Que va a pasar Ambrosio con una pirámide de bombones perfectamente ejecutada, que te vas a encontrar alicatando el baño a la mismísima Isabel Preysler, que va a llegar un narco siciliano a las 12 y se va a liar a tiros... No sé, algo divertido y con estilo. Pero llegas allí y te dan una cerveza de barril y dos besos. Tú sabes que en realidad te odian, pero también sabes que Ellos ya tienen el teléfono del entrenador de Letizia y los cabrones sonríen de maravilla. Con Ellos (o 'Los Otros', como les llamó Amenábar) me refiero a los trabajadores de las dos empresas citadas.

Les contaría lo que pasó en las fiestas de este año, pero se trataba de un evento privado y yo soy un hombre de principios. Les diría por ejemplo que la de Atresmedia fue un poco coñazo, con homenaje al cante jondo incluido, pero me dieron una paletilla de jamón cuando abandonaba el establecimiento y no voy a hablar mal de alguien que me da de comer. Me pasa lo mismo con mi jefe. Como decía, soy un hombre de férreos principios.

El presupuesto de Mediaset era un poco menor que el de Atresmedia y en lugar de un cantante flamenco subió al escenario un humorista amateur llamado Paolo Vasile. Hay que reconocer que el consejero delegado es un crackTambién les contaría las conversaciones que mantuve en ese evento, pero no las recuerdo. Solo me viene a la cabeza que alguien dijo de pasada que Ana Pastor (La Sexta) y su pareja, García Ferreras (La Sexta también), podrían estar esperando un hijo. Lo recuerdo no porque me interesase demasiado, sino porque estuve al menos cinco minutos pensando posibles titulares para esa buena nueva. “Un Ferreras al rojo vivo da en el objetivo”. Ese me hizo sonreír por primera vez en toda la noche y aproveché para mirar a uno de los jefes de la cosa. Quedé de maravilla porque me quedó muy natural. “Fiesta en Ferraz para celebrar el nacimiento de un futuro votante”. Con este otro titular ya me vine arriba y lancé un beso desde la distancia a una chica de prensa. Hoy me ha añadido al Facebook. Quiero que sepa que tengo tres hijos.

Ese crack llamado Vasile

En la fiesta de Telecinco no me dieron nada a la salida, así que no tengo filtro. Esto del periodismo online tiene una ventaja y si me mandan un regalo posteriormente, puedo entrar en el gestor de contenidos y maquillar este texto. Todo de acuerdo siempre a mis inquebrantables principios como periodista, por supuesto.

El presupuesto de Mediaset era un poco menor que el de Atresmedia y en lugar de un cantante flamenco subió al escenario un humorista amateur llamado Paolo Vasile. Hay que reconocer que el consejero delegado es un crack. Se pasó diez minutos hablando de los movimientos bursátiles de Vivendi y Mediaset ante un auditorio en el que el 95% de los presentes se pasa la vida escribiendo crónicas de 'Gran Hermano'. Un becario de no sé que medio sufrió en ese momento un cortocircuito cerebral y tuvo que ser atendido por el SAMUR.

Con el ruido de sirenas de fondo, Vasile aprovechó para felicitarnos por nuestro trabajo, porque este año había sido muy tranquilo para ellos, y añadió que quizá hubiésemos comprendido por fin lo que hacían. En ese momento, y por miedo a que se me corriera el rímel, tuve que salir huyendo. Si mi jefe me mira habitualmente muy mal y Vasile habitualmente muy bien, ¿qué leches estoy haciendo con mi vida? Entré en depresión y dormí hasta las cinco de la tarde del día siguiente.

Jesús Tomillero (derecha) y su novio en 'Sálvame Snow Week'
Jesús Tomillero (derecha) y su novio en 'Sálvame Snow Week'

Desperté y puse el televisor con miedo a que la programación de Antena 3 me supiese a paletilla ibérica. También temí comprender por primera vez lo que hace Telecinco. En 'Sálvame', un arbitro gay que fue portada de todos los diarios de España al denunciar el acoso que sufría en el campo, hoy opta a ocupar la silla que ha dejado vacía Raquel Bollo. El arbitro aparece en pantalla junto a su novio. Los dos, pobrecitos míos, viven en algún lugar del mundo que tiene un retraso de dos o tres horas con respecto al resto. Mientras el arbitro, abrazado a un tigre de peluche, le explica a su pareja que es el hombre de su vida, Paz Padilla da cuenta de todos los whatsapps que demuestran sus continuas infidelidades. Yo, agobiado, le pido a Dios de rodillas no entender lo que veo.

También pienso en los 50 años que me quedan por vivir de acuerdo a las medias y, sinceramente, a mí se me hacen muy cuesta arriba. Sobre todo teniendo en cuenta que queda menos para la próxima Navidad.

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Carta de Ajuste

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