Mila contra Milá o la importancia de la tilde en un mundo sin reglas

'Westworld' es la serie del año. Y da rabia, porque nosotros, los españoles, lo vimos claro 25 años antes que los americanos. En esa fecha creamos un mundo sin reglas, pero lo llamamos Telecinco, que es un nombre que no mola

Foto: Mila Ximénez en una caricatura realizada por Jate
Mila Ximénez en una caricatura realizada por Jate

Diez capítulos y cien millones de dólares después, cabría decir que 'Westworld' es lo mejor que ha parido la televisión estadounidense en 2016. Veo el final de la serie y quiero más. Más sangre; más putas con ínfulas de leyenda; más hijas de granjero maltratadas por sus anhelos de libertad; más robots con apariencia humana reseteados cada jornada para que la gente vuelva a pagar al día siguiente por matarlos y follárselos.

'Westworld' es el nombre de un parque de atracciones futurista en el que uno paga para hacer lo que quiera. Hay un falso macguffin en esta historia que nos desbarra en un principio por una nueva versión chusca de la archirrevisitada rebelión de las máquinas, pero Kubrick es solo un fantasma necesario. En 'Westworld' también habla Zaratustra, pero no hay poesía. No puede haberla cuando de lo que se trata es de reflexionar sobre lo que sería capaz de hacer el hombre en un mundo sin reglas.

Solo tengo una espinita clavada después de terminar esta serie, que ahonda en la metáfora del complejo de inferioridad español. Porque, si ustedes lo piensan, nosotros creamos esa sociedad distópica hace ya más de 25 años, pero no la supimos bautizar. Los americanos hacen dos cosas muy bien: los viajes por carretera (que allí son todos muy molones y aquí en España estás deseando llegar al destino) y nombrar cosas. Porque nosotros a ese farwest contemporáneo en el que todo vale lo llamamos en su día Telecinco y hay que reconocer que Westworld hubiese sido un nombre muchísimo más comercial.

Fotograma de 'Westworld'
Fotograma de 'Westworld'

Nos la han jugado con esto. Oye, machotes, que nosotros hemos creado un sitio en el que una anfitriona (así se conoce a los robots en 'Westworld') llamada Mercedes Milá le dice gordo a un bioquímico en prime time y no pasa nada. Un mundo creado por y para el entretenimiento de los huéspedes, no sujeto a leyes, en el que se viola y se mata a diario. Es una idea propia y, aunque no hable demasiado bien de nosotros, lo siento pero queremos reclamarla. Y cuidadito, que acabamos de crear una patente única y en esto vamos de la mano con el resto de Europa.

Los paralelismos son tales que es obvio que nos tienen que reintegrar los derechos sin pasar siquiera por la corte de Miami. Un hombre canoso de extraño acento (interpretado por Anthony Hopkins) crea un mundo casi real jugando a ser Dios. El alter ego es tan obvio que cuando él desaparece, nace el caos. Un guiño al Génesis, qué duda cabe. ¿Qué día no hay un guiño al Génesis en Telecinco?

Luego está lo de los anfitriones, autómatas con apariencia humana que están tan bien hechos que a veces piensas que sienten y padecen. ¿Quién no se ha creído alguna vez las lágrimas de Belén Esteban o que este o aquel idilio en 'Gran Hermano Vip' era real? En el vértice opuesto, los huéspedes, gente que paga por y para que los anfitriones les entretengan. Participan en las aventuras que crean para ellos aún sabiendo que todo es falso, que responden a simples guiones escritos sobre las líneas de código que perfilan el comportamiento de los robots.

Justo en este momento, mientras escribo estos versos, estoy viendo 'Sálvame'. Hay una supuesta plaga de piojos en el programa y Paz Padilla examina una a una las cabezas de los colaboradores para saber cuál es el portador cero. Tal cual. Acaba esta aventura y sale María Teresa Campos, que como anfitriona no tiene precio, porque la mujer se cree mucho su papel, parece muy humana. Es como Dolores, la protagonista de 'Westworld', una pobre muchacha condenada por su incapacidad para discernir entre lo que es real y lo que no.

Campos defiende a Mercedes Milá de las garras de otros robots como Mila Ximénez. Mila versus Milá, o la importancia de la tilde. Las claves de este mundo son acojonantes, porque hasta ahora solo Disney se había atrevido a romper ciertas reglas estamentales. Lo decíamos al principio, en 'Westworld' hasta una prostituta puede ser (falsa) leyenda. No hay reglas, todo vale. Si tienes una pistola, eres el rey. Y tú ves ahí a María Teresa Campos, pobrecita mía, una tía a la que si le quitas los galones pierde entre cinco y seis kilos de golpe, amenazada verbalmente por Mila Ximénez, cuyo máximo mérito curricular, cuenta la fábula, fue ganar un concurso de chupitos en un after hour de Marbella allá por el 86. Pocahontas cantándole las cuarenta a John Smith por querer adueñarse de todas las tierras que pisa.

Y todo esto, finalmente, por dinero; porque es un rentabilísimo negocio. Rentabilísimo viene, como todo el mundo sabe, de la unión de las palabras 'renta' y 'bilis'. “Seguí tu consejo y compré este mundo, soy el accionista mayoritario, y el negocio florece, ¿quieres saber por qué? Porque este sitio parece más real que el mundo real, aunque no lo sea, porque no podéis defenderos y los huéspedes no pueden perder. De modo que todo esto es una mentira”.

Welcome to Westworld, amigos.

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Carta de Ajuste

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