todo por sanear las cuentas

Las Campos en pie de guerra (entre ellas)

María Teresa no lleva bien que su relación con Edmundo esté en boca de todo hijo de vecino, pero sus descendientes hacen oídos sordos a las palabras de mamá y echan más leña al fuego

Foto: Las Campos desayunando.
Las Campos desayunando.

Desde que se hizo oficial que la matriarca de las Campos estaba pedida, los problemas se agolpan a la puerta de su casoplón madrileño de ínfulas versallescas. A su Edmundo -Bigote Arrocet para usted y para mí, que no hemos compartido mesa y mantel con él- le aparecen exmujeres, presuntas amantes presentes e hijos secretos de debajo del mostacho en las revistas cuyas portadas protagonizan los miembros de su nueva familia todos los miércoles.

A este ramillete de titulares se ha sumado la confirmación de que Bigote demostrará sus capacidades como superhombre, en bañador y desahuciado de tinte, en ‘Supervivientes’ junto a otros rostros conocidos como Alba Carrillo y su madre, Lucía Pariente. María Teresa siente y padece. Todo lo sufre, lo somatiza y sobre todo lo dramatiza. La que fuera reina de la televisión muestra su perfil más desagradable cuando se le insinúa que su pareja podría estar aprovechándose de ella para llenar sus arcas. María Teresa, como el rey emérito Juan Carlos, ya no cuenta con el apoyo de la prensa para tapar lo que no quieren hacer público y eso le duele. Teresa no quiere estar en boca de todos y mucho menos que se ponga en solfa su relación con Edmundo, pero ya no tiene el poder del que ha hecho uso durante décadas en los medios.

Sus mayores enemigas las tiene en casa. El último golpe (que no el definitivo) a Campos se lo han asestado sus dos hijas. Con una exclusiva en la revista 'Semana', las Borrego Campos han manifestado que van a seguir haciendo caja hablando de mamá y de la pareja de esta. “Está muy disgustada, Teresa lo está pasando fatal”, reza el titular. El resumen del total de la entrevista bien podría ser: mamá lo pasa mal cuando se habla de ella y de su novio formal, pero a nosotras qué más nos da, aquí estamos, posando sonrientes, espalda contra espalda como dos miembros de las Sex Bomb, hablando de quién de las dos quiere más al portador del bigote más famoso de España (con permiso del desaparecido mostacho de Aznar) y de la poquita gracia que le hace a mami que vaya a broncear su piel chilena sobre la arena.

Siendo justo, no es Terelu la que larga todo esto, que en 9 hojas no habla más que de ‘¡Qué tiempo tan feliz!’ y de sus otros programas; es Carmen Borrego, que hasta anteayer se perfilaba como la oveja blanca de la familia, la que a cambio de un euro y 80 céntimos nos ofrece perlitas como “no está (preparada) porque las cosas no se las toma bien y, además, está en un momento complicado. A ella no le gusta que hablen y juzguen su vida", "es una persona a la que han respetado siempre y lo único que quiere es que la sigan respetando”.

Carmen dibuja a su madre como sospechábamos que es. Una señora que lo ha tenido todo, incluido el respeto y el silencio de sus compañeros del ‘cuarto poder’, y que no lleva bien la pérdida de un ápice de control. Una persona con luces y sombras, con (mal) carácter y nula capacidad de autocrítica.

María Teresa, para ser feliz no tienes que conseguir que dejen de hablar de ti, lo que tienes que aceptar es que has vendido tu alma al Diablo, por pasta. Con tu docu-reality y tus reportajes hablando de tus intimidades y de los vestidos que lucirás en las bodas de las amigas has abierto la puerta para que se hable de ti, bien o mal. Tu pareja y tus hijas, con sus manifestaciones previo pago, han dejado claro que sigues siendo un activo para sanear cuentas. Van a seguir facturando con o sin tu consentimiento, sentada en su bando o en el contrario. Aprovéchate y disfrútalo porque los ricos tambien lloran, pero las penas con pan son menos penas.

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Mucha tele que cortar

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