Sagres, el mítico punto geográfico más allá del cual solo existía un inmenso océano que daba lugar a las más increíbles leyendas. El mar y los descubrimientos, leitmotiv del príncipe Enrique, que constituyó el centro de ciencia más avanzado del mundo en el XIV. Un lugar al que acudían, como atraídos por un imán, los mejores geógrafos, cartógrafos, constructores de barcos y marineros; todos ellos, llamados por la aventura de vencer el vértigo de un océano entonces impenetrable. El final de la tierra habitada para Estrabón. Sagres es hoy un pequeño pueblo que pasaría desapercibido si no fuera porque es el extremo más occidental del continente europeo; donde acaba la tierra y empieza el mar; la última puesta de sol del continente, y en otro tiempo... el fin del mundo. 

Sagres es un pequeño pueblo que nace enclavado en roca para adentrase y desafiar el océano infinito. Increíbles puestas de sol sobre la historia marinera portuguesa. Un punto en el globo que hoy no dice mucho, pero que en tiempos, lo fue todo. Sagres es mar, el que intentan dominar los surfistas y del que los pescadores tratan de extraer el sustento diario. Playas de ensueño en una costa sin explotar. 

Desde el siglo XV, la fortaleza de Sagres, sobre los acantilados, domina el mar y la tierra que lo circunda. Dentro, la iglesia de Ntra. Sra. Da Graca. Un poco más hacia el norte, el Cabo de San Vicente, el punto de referencia de todo buque que navegaba en esas latitudes y que se sentía a salvo cuando avistaba esta tierra. Hasta que desde mediados del XIX, el faro alumbra potente el destino y gobierno de los barcos. Aquí el mar adquiere otra dimensión, se vuelve trascendente y tentador.

Las playas de Amado, salvajes y solitarias, terroríficos acantilados que dan a las playas más cautivadoras para los surferos, que llegan hasta aquí para montar las olas que vienen desde el otro lado del océano. A lo largo del Cabo de San Vicente y hacia el interior, se extiende una de las reservas más importantes de aves y en especial de flamencos de toda Europa.

Para comer, Nortada, un pequeño chiringuito de playa, informal y donde dan buena comida. Luis, todo amabilidad, sirve un estupendo pescado fresco. En Portas de Sagres, unos percebes increíbles y muy buen pescado cocinado en su punto. En la mismísima playa de Mareta, O Telheiro do Infante, un restaurante que se ha ido consolidando como uno de los mejores en la zona desde que nació como un pequeño chiringuito playero, regentado siempre por la misma familia.

Para dormir, el Martinhal, un lujoso hotel de 5 estrellas situado sobre la playa del mismo nombre y a muy poca distancia de Sagres.