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El día que Valentino Garavani me recibió en su suite del Hotel Ritz
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Paloma Barrientos

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El día que Valentino Garavani me recibió en su suite del Hotel Ritz

La muerte de Valentino Garavani a los 93 años deja huérfano al mundo de la alta costura. El diseñador que hizo de la belleza su bandera marcó una era del lujo sin extravagancias

Foto: Valentino, en una imagen de archivo. (Getty Images)
Valentino, en una imagen de archivo. (Getty Images)

Valentino Clemente Ludovico Garavani falleció el pasado lunes a los 93 años en su casa de Roma. Nunca le hizo falta utilizar sus apellidos. Era simplemente Valentino, sin aderezos. Solo con su nombre se identificaba el lujo, el conocimiento de la costura, del cuerpo de las mujeres a las que siempre quería bellas más allá de que tuvieran o no las medidas perfectas. En sus desfiles no tenían cabida las excentricidades de las que han abusado demasiado otros diseñadores de nuevo cuño. Ese marketing de la extravagancia no formaba parte de su existencia. Tenía claro que lo suyo era vender belleza.

Tico Chao, hijo del gran periodista que fue su padre, Tico Medina, contaba en el programa de Federico Jiménez Losantos una anécdota que reflejaba esa característica del diseñador. “Cuando invitaba a sus amistades a su velero, tenían a su disposición maquilladores y peluqueros. No le gustaba que se presentaran de cualquier manera, aunque estuvieran de vacaciones”.

placeholder Valentino posando con diseños de color rojo. (Gtres)
Valentino posando con diseños de color rojo. (Gtres)

Y lo mismo sucedía con la tripulación de Blue One. Todo era perfecto, incluso la apariencia de los nueve marineros, que además de profesionales eran guapos. Aparecieron en algunos de los reportajes que el diseñador compartía con Naty Abascal, las top del momento y, por supuesto, con Giancarlo Giametti, su apoyo económico y afectivo. Dejaron de ser pareja, pero su unión era fuerte y fiel. Igual que con su musa y amiga del alma, la entrañable Naty.

Se adoraban y se querían sin filtros y no había verano en que disfrutaran de vacaciones compartidas en la costa Amalfitana, en Ibiza o las Navidades en el refugio de lujo, en el chalet Gifferhon, en los Alpes suizos. Las últimas noticias que tuvimos del diseñador fue precisamente a través de la estilista. En agosto aparecía espectacular en la cubierta del velero en traje de baño. Solo ella, pero servía como escenificación de ese lazo de unión inquebrantable.

placeholder Naty Abascal con Valentino en 2006. (Gtres)
Naty Abascal con Valentino en 2006. (Gtres)

“Estoy destrozada y con una pena enorme”, me decía con la voz entrecortada por las lágrimas al darle ánimo. El lunes volaba a Roma. Un viaje triste, como son todas las despedidas de personas que han formado parte muy importante de una vida. Valentino, junto con Oscar de la Renta, fue apoyo importante, tanto económico como de cariño, cuando Naty tuvo que sacar a sus hijos de España ante el escándalo que supuso la vida de Rafael Medina, anterior duque de Feria.

Tuve la suerte de tratar al diseñador hace años, cuando viajó a Madrid para recibir la Aguja de Oro. Un premio que creó Mara Rosa Salvador, dueña de la firma Dafnis y gran conocedora de la moda nacional e internacional. Los periodistas fuimos convocados en el Museo del Traje, donde la empresaria le hizo entrega a él y a Manuel Pertegaz del reconocimiento profesional. No hubo duelo de egos entre ellos por compartir el día.

placeholder Valentino Garavani, en una imagen de archivo. (Gtres)
Valentino Garavani, en una imagen de archivo. (Gtres)

Valentino se alojaba con su grupo en el hotel Ritz, cuyo director era John Maceda y la jefa de comunicación, Mariola Calderón. Hasta allí llegaban los amigos españoles y uno de ellos era Jesús Mariñas, íntimo de Naty Abascal y, por lo tanto, con acceso libre a la suite con vistas a la plaza de Neptuno.

Mariñas me dijo: “Te vienes conmigo y hablas con él”. Y así fue como pude tener ese contacto directo con el diseñador en su reducto estacional del hotel, donde todo era único. La ropa de cama y de baño era propia y formaba parte del equipaje personal que llegaba al Ritz con antelación. Esta costumbre la trasladó con el tiempo al Hotel Santo Mauro, como recordaba Tico Chao en la Crónica Rosa del martes. Tuve esa suerte.

Valentino Clemente Ludovico Garavani falleció el pasado lunes a los 93 años en su casa de Roma. Nunca le hizo falta utilizar sus apellidos. Era simplemente Valentino, sin aderezos. Solo con su nombre se identificaba el lujo, el conocimiento de la costura, del cuerpo de las mujeres a las que siempre quería bellas más allá de que tuvieran o no las medidas perfectas. En sus desfiles no tenían cabida las excentricidades de las que han abusado demasiado otros diseñadores de nuevo cuño. Ese marketing de la extravagancia no formaba parte de su existencia. Tenía claro que lo suyo era vender belleza.

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