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Rosa Clará se sincera sobre su retirada y desvela cómo sería el vestido de novia de la princesa Leonor
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Paloma Barrientos

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Rosa Clará se sincera sobre su retirada y desvela cómo sería el vestido de novia de la princesa Leonor

La diseñadora repasa sus 30 años al frente de su firma de moda nupcial, aclara la "leyenda" del vestido de Belén Esteban y habla de Paloma Cuevas: "Ojalá se case"

Foto: Rosa Clará y Paloma Cuevas, en una imagen de archivo. (Imagen cedida por la firma)
Rosa Clará y Paloma Cuevas, en una imagen de archivo. (Imagen cedida por la firma)

Nombrar a Rosa Clará es identificar inmediatamente la firma con el día más importante en la vida amorosa de una pareja. Hace treinta años decidió independizarse y abrir su primera tienda en Barcelona. Creó su propia referencia a base de pico y pala. Y, como todos los negocios que empiezan con un sueño, el suyo se convirtió en realidad, no la carrera de Derecho que estudió. Nunca fue abogada, pero sí empresaria: noches sin dormir para ajustar sueldos, compras, entregas… y así hasta hoy, cuando su imperio tiene ramificaciones en más de ochenta países, en los cinco continentes. Como me dijo en una ocasión, cuando nos encontramos en Barcelona: "Falta la Antártida, pero ya llegará".

El sentido del humor nunca falta en las conversaciones, y Rosa transmite eso que se llama buen rollo. Es una mujer tranquila, cariñosa, con los pies en la tierra y, como dicen en Cataluña, "gent del barri", esa expresión que define a la gente cotidiana. Han pasado tres décadas desde aquellos días en que llevaba en su Vespa los conos de tejidos hasta el taller. Hubo una travesía del desierto que superó con creces. La trayectoria está consolidada y tiene en su hijo, Daniel, el mejor ejemplo de lo que será una transición sin agobios.

Desde que el destino decidió colocar en su camino a Josep Artigas, con el que se casó en 2013, su vida cambió. El hijo de los amigos de sus padres (con quien coincidía en los veranos de Calella) consiguió lo que parecía difícil en la existencia de la empresaria. Y no fue otra cosa, como ella misma me contaba: "Me sacó de mi vorágine laboral". Ahora disfruta de seis meses sabáticos y otros seis dedicados a ser una especie de hada madrina nupcial.

Rosa Clará ha sido la primera invitada de la peña de periodistas Cuarto Poder, que nos reunimos en el restaurante Lucio. Una convocatoria que consiste en invitar a comer a personajes de nivel y compartir el menú clásico del tabernero. Como no podía ser de otra manera, los huevos rotos fueron el plato principal, que es también el preferido de la diseñadora.

En este almuerzo se habla de todo y por su orden: primero, disfrutar de la comida; después, con los postres, las preguntas y respuestas sin filtros de cada uno de nosotros. No hay competencia, sí buen ambiente. Una de las cosas que había que aclarar era la leyenda sobre el traje nupcial de Belén Esteban. Y de ahí, a cómo vestiría a la princesa de Asturias o a Paloma Cuevas en sus respectivas bodas. En el caso de la heredera, una ceremonia aún lejana.

placeholder Rosa Clará con su hijo Daniel. (Gtres)
Rosa Clará con su hijo Daniel. (Gtres)

—Si tuvieras que poner un título a estos treinta años de carrera, ¿cuál sería?

—Sería el gran esfuerzo, no solo mío, sino de todo el equipo, para llegar adonde hemos llegado.

—¿Piensas en la retirada?

—Absolutamente. Pienso que mi momento ha llegado. Por suerte empecé mi desconexión hace un tiempo, sabiendo que llegaría. Lo hago despacio, pero sin pausa. Es el equipo quien me va marcando los tiempos. Ahora quiero vivir la vida y disfrutar de todo el esfuerzo que he hecho durante estos treinta años.

—Visualiza el vestido de novia de la princesa Leonor.

—Es difícil porque ahora mismo no está definido su estilo. Lograríamos hacer el traje de su vida. Ojalá que dentro de cinco, seis años, o los que sean, venga a buscarnos. Lo que sí aseguro es que iría divina. Sí es verdad que, al ser futura reina de España, habría que considerar elementos clásicos.

¿Piensas en la retirada? "Absolutamente. Pienso que mi momento ha llegado. Por suerte empecé mi desconexión hace un tiempo, sabiendo que llegaría"

—¿Cuál es el vestido que más te ha gustado del pasado?

El de Carolyn Bessette, la mujer de John John Kennedy. Fue un cambio absoluto. Era un diseño lencero, pero me encantó. Era un traje totalmente tendencia.

—¿Alguna vez has tenido que decir que no?

—Nunca. Y me gustaría aclarar la leyenda con Belén Esteban. Fue un tema que a mí me pilló de salida. Era una época en la que Belén era un personaje súper conocido y no la podía vestir con uno de nuestra colección que ya se había visto o que llevara otra novia. Tenía que ser algo especial y en aquel momento no teníamos ni un minuto de tiempo. Al principio dije que no, pero después pensamos: "¿Por qué no?". Y fue entonces cuando se metió otra empresa y nos arrastró esa vorágine. Se lo hubiera hecho encantada.

—Desde que se legalizaron los matrimonios igualitarios, para esas parejas también es un día de nervios la elección de sus trajes.

—Somos tan felices cuando nos eligen. Hacemos dos ventas en vez de una. Cuando se casan viven un momento tan especial que da igual a qué se dediquen, su orientación o lo que piensen. Lo que hacemos es que sean felices.

"Mi hijo Daniel no ha llegado por ser 'hijo de', sin preparación ni esfuerzo. Es responsable y lo va a hacer muy bien. Si no fuera así, no lo dejaría"

—Para Paloma Cuevas, colaborar contigo después de su complicado divorcio fue una especie de volver a retomar la rutina.

—Es una gran amiga. Habíamos hablado de ese proyecto muchas veces y nunca encontrábamos el momento para arrancar. En pandemia comenzamos a trabajar. Y ojalá que se case. Me haría muy feliz.

—¿Cómo sería su traje de novia?

—Estilo Paloma Cuevas, que es una mujer inteligente, elegante, buena gente, divina y con un estilo propio. Intentaríamos plasmar con ella esa esencia.

—Tener a tu hijo Daniel es una tranquilidad.

—Por supuesto. Es una persona que no ha llegado por ser "hijo de", sin preparación ni esfuerzo. Se ha preparado súper bien, es responsable y lo va a hacer muy bien. Y si no fuera así, no lo dejaría. Y al lado tiene a Manuel Cano, que es el director general, que lo está apoyando y guiando. Con ellos dos, la empresa puede llegar al cielo sin mí.

Nombrar a Rosa Clará es identificar inmediatamente la firma con el día más importante en la vida amorosa de una pareja. Hace treinta años decidió independizarse y abrir su primera tienda en Barcelona. Creó su propia referencia a base de pico y pala. Y, como todos los negocios que empiezan con un sueño, el suyo se convirtió en realidad, no la carrera de Derecho que estudió. Nunca fue abogada, pero sí empresaria: noches sin dormir para ajustar sueldos, compras, entregas… y así hasta hoy, cuando su imperio tiene ramificaciones en más de ochenta países, en los cinco continentes. Como me dijo en una ocasión, cuando nos encontramos en Barcelona: "Falta la Antártida, pero ya llegará".

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