Julio Iglesias e Isabel Preysler: el aniversario de bodas que solo celebraron seis años
La boda de Julio Iglesias e Isabel Preysler cumple 55 años. Un enlace marcado por la presión social, el embarazo inesperado y una historia que terminó en separación
Julio Iglesias e Isabel Preysler, el día de su boda. (Gtres)
En enero de 1971 Julio Iglesias e Isabel Preysler se casaban en la capilla de la finca de Illescas (Toledo), propiedad del gran tabernero José Luis Solaguren. Se han cumplido cincuenta y cinco años desde esa celebración, que fue más una imposición social que un verdadero amor. La novia cumplía al mes 20 veinte años y el cantante ya no era la joven promesa del mundo de la música.
El abogado de familia burguesa había triunfado tres años antes de conocer a la bella filipina con “La vida sigue igual”, en el Festival de Benidorm. Su padre, que se convertiría en el renombrado Papuchi, no quería que fuera cantante. A lo más que admitían era la afición futbolística, pero el accidente y el tumor del que tuvieron que operarle marcaron su vida para siempre. El Real Madrid quedó como el equipo de su vida, como lo sigue siendo. Las influencias paternas para que se centrara en su título académico y entrara a trabajar en un despacho de abogados no sirvieron para nada. Julio Iglesias comenzó en Benidorm una carrera profesional que le convertiría en el siglo XXI en el cantante latino que más discos ha vendido.
Isabel Preysler y Julio Iglesias, en una imagen de archivo. (Gtres)
Isabel Preysler tenía en su haber su exotismo asiático, pocas ganas de volver a Manila y sí muchas de divertirse. En esas salidas festivas conoció a Julio Iglesias, que en aquel momento viajaba a menudo a Londres, donde vivía Jean Harrington, a la que después dedicaría el tema Gwendoline. En aquellos años, las relaciones prematrimoniales en un ámbito tan conservador como el que existía en las familias Iglesias/Preysler eran impensables.
Todo era casto y puro oficialmente, menos en la vida de los dos protagonistas, que mantenían su ardor sexual aparentemente sin problemas colaterales. Pero sí los hubo, y fue necesario apañar una boda rápida cuando se supo la noticia del embarazo de la joven veinteañera. Charo de la Cueva no llevaba bien ese noviazgo tan rápido y mucho menos el convertirse en abuela nueve meses después.
Isabel Preysler y Julio Iglesias, en una imagen de archivo. (Gtres)
Tuvo que aceptar la situación y organizar la boda, que fue una de las primeras que se celebró en una finca y que después se pusieron de moda gracias a la visión empresarial de Solaguren. En el libro 'Reina de corazones' (Ediciones B) ya conté hace treinta años las razones de esa decisión nupcial rápida, que no gustó a la protagonista que se supiera en aquellas fechas. Con el tiempo, la socialité iría desgranando en sus sucesivas memorias en la revista ¡Hola! las informaciones que publiqué en aquella primera edición del libro. En Manila la noticia de la boda tampoco fue bien recibida.La madre, Betty, sí viajó a España, pero el padre, Carlos, no.
En uno de esos recordatorios pagados, Isabel Preysler reconocía que no fue el día más bonito de su vida y que estuvo a punto de marcharse a Estados Unidos y no casarse. No lo hizo y su trayectoria amorosa la convirtió en una de las protagonistas fundamentales de la prensa rosa.
En los meses anteriores al gran día, es decir, a la boda, Iglesias había comenzado su periplo americano. Desde cualquier ciudad en la que estuviera, el cantante la llamaba. En una de esas conferencias de larga distancia —así se decía— la futura madre de sus hijos le comunicó la noticia.
Julio Iglesias e Isabel Preysler, el día de su boda. (Gtres)
A la vuelta de las galas en América comenzaron los preparativos. El traje nupcial, regalo del novio, como era costumbre, fue obra del modisto Pedro Rodríguez. Fue Carmen Martínez-Bordiú, que no asistió al enlace, quien hizo de puente para que se lo confeccionara. En la ceremonia y fiesta posterior hubo caras conocidas, pero menos de las que se esperaban. Esa noche el diario Pueblo entregaba en Madrid, en el transcurso de una fiesta multitudinaria, los galardones “Populares” y los personajes potentes se decantaron por el encuentro periodístico.
A Illescas acudieron astros del deporte como Toncho Navas y Pedro de Felipe, Lola Flores, Manuela Vargas, Matías Prats y Jesús Álvarez. Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid, donde Julio había jugado en los juveniles, y algunos miembros de la familia Preysler que vivían en España. El tío José María ejerció de padrino y el sacerdote José Aguilera del servicio religioso.
Julio Iglesias e Isabel Preysler, el día de su boda. (Gtres)
Como curiosidad, este párroco había casado tiempo atrás al amigo fiel y leal que fue Alfredo Fraile. Del menú, que pagó en su totalidad el doctor Iglesias, se encargó José Luis Solaguren y consistió en crema de langosta a las dos salsas, turnedó a la trufa con champiñones y, de postre, una tarta de varios pisos. La fiesta duró hasta mucho después de que los novios se trasladaran al hostal del Almirante, en Medina de Rioseco, donde pasaron su primera noche matrimonial.
Seis años después se complica la vida de la pareja. Isabel Preysler propone separarse. No es feliz y se encuentra sola con los tres niños pequeños. No es hasta el 22 de julio de 1978 cuando públicamente se sabe de la ruptura. Había pasado ya tiempo de la fiesta nupcial en Illescas. No había nada que recordar. Cada uno tenía su vida independiente. Ahora, 55 años después, lo que quedan son los hijos y nietos comunes.
En enero de 1971 Julio Iglesias e Isabel Preysler se casaban en la capilla de la finca de Illescas (Toledo), propiedad del gran tabernero José Luis Solaguren. Se han cumplido cincuenta y cinco años desde esa celebración, que fue más una imposición social que un verdadero amor. La novia cumplía al mes 20 veinte años y el cantante ya no era la joven promesa del mundo de la música.