Café Society
Por
Una charla con Antonio Carmona: "Sufrí por el racismo a mis hijas"
El cantante repasa sus "siete años bíblicos" de escasez, el milagro de la unión payo-gitana en su clan y la felicidad que le da su nieto
Antonio Carmona sabía desde muy pequeño que su vida era la música. A los 13 años ya cantaba con la familia. Formó parte del grupo Ketama con 14, y lo abandonó solo profesionalmente hace dos décadas. En el aspecto afectivo, forma parte de la gran saga que son Los Habichuela y los Carmona. En Navidad es el gran anfitrión y se juntan todos, más los amigos, en su casa de Madrid. Es un hombre acogedor, noble y con las prioridades vitales muy claras a raíz de su momento más crítico, cuando estuvo entre la vida y la muerte.
Comienza la gira el 10 de abril en Valencia con su nuevo trabajo 'Baró Drom (Éxode)', que significa "Buen Camino" en romaní, el idioma gitano, del que ya se escucha el single 'Más de lo que te quiero'. Reconoce que lo pasó muy mal cuando estuvo siete años con poco trabajo y lo define como "parada bíblica". Disfruta en su papel de abuelo, de su familia y da las gracias a Dios por tener a Mariola Orellana, a la que considera la matriarca. Le gusta perderse con su Citroën, marca de la que es embajador.
Pregunta. Celebración doble y estreno tema musical. Veinte años desde que te independizaste de Ketama.
Respuesta. Con Ketama empecé cuando tenía 14 años y el año pasado cumplí 60. Echa cuentas. Y sí, veinte en solitario como Antonio Carmona, que para mí es muy importante. Acabo de sacar el single que he titulado 'Más de lo que te quiero'. Lo hago con Rayito. No sé si recuerdas que era un niño que tocaba la guitarra y con una mezcla japonesa y gitana. Es un artista muy especial que hace producciones muy especiales. Es familia de Manzanita. Con él tengo mucha familiaridad desde que era pequeño. Su padre, el mío y mis tíos eran muy amigos. Le pedí un tema que fuera muy percusivo porque yo soy percusionista. Comenzamos la gira el 10 de abril en Valencia.
P. Entonces, ¿es menos flamenco?
R. Es diferente. No sé definir las corrientes musicales. Lo que quiero es que la gente lo escuche. Es un tema en el que deseo que todo vaya bien. Dentro de todo este desorden que estamos viviendo, hay algo que nos tiene que ilusionar. Ahora mismo veo España tan polarizada. Y te pongo un ejemplo: para que la guitarra tenga sonido, depende de la mano izquierda, que da la armonía, y de la derecha, que ejecuta. Y lo bonito es que se crea la sinergia y sale la melodía. Y eso es lo que tendría que pasar en España, y lo dejo ahí.
P. ¿Cómo ha sido este camino? Imagino que con luces y sombras.
R. Muchas sombras. Estuve siete años trabajando muy poco y tuve que pedir muchos favores a los amigos. Lo pasé muy mal. Y desde hace cinco años lo estoy pasando muy bien.
"Estuve siete años trabajando muy poco y tuve que pedir muchos favores a los amigos. Lo pasé muy mal"
P. ¿Cómo resumirías estos años?
R. La música es bíblica. Siete años de vacas flacas y siete de bonanza, y lo he vivido en mis carnes. Lo importante es no desmoralizarte y saber que la vida tiene sus tiempos. Nunca he dejado de dar gracias por todo lo que tengo, aunque vinieran mal dadas. Y a veces pensaba: hombre, hay artistas que trabajan mucho y se lo merecen, y otros que no. Y no echo la culpa a nadie. Ahora, con mis sesenta años y con mi nieto, estoy mucho más centrado.
P. ¿Qué necesitas para componer? ¿Más silencio o ruido?
R. Sin dudarlo, el silencio. Para mí es fundamental. Tengo mi casa de Cádiz, donde no me intoxico con ruidos y me hace buscar adentro. Aquí en Madrid es más difícil, pero me obligo a componer todos los días. Aunque sea malo.
P. ¿Has compuesto para tus hijas?
R. No. Cada una tiene sus momentos. Marina y Lucía tienen sus inquietudes musicales y no tiene que estar papá ahí.
P. ¿Imaginabas que ibas a llegar donde estás ahora, con estabilidad familiar, económica, profesional?
R. Gracias a Dios, he tenido a una mujer que tiene un sentido común importante. Yo soy más loco, y Mariola tiene siempre los pies en la tierra. Lo mejor que tenemos nosotros es la familia. Mi madre vive con nosotros; mi suegra, hasta que falleció; y mis hijas, hasta que se independizaron. Lo que me da alegría son ellos. Los Habichuela siempre hemos compartido todo. Lo bonito es que una familia paya y una gitana tengamos esa unión. Es un milagro que sucede muy pocas veces.
P. ¿Hasta que llega Mariola a la familia, había esa mezcla?
R. Por parte de mi familia, no. Era raro porque no se daba el consentimiento en aquellos años 80. Ahora ya está resuelto. El patriarca es mi tío Pepe. ¿Sabes el orgullo que tengo? Que cuando llega Nochebuena, todo el mundo me pregunta: "¿Dónde hacemos las Navidades?". Y les digo: "Pues donde siempre, en mi casa", y nos podemos juntar ochenta.
"Cuando uno enferma de esa manera y estás entre la vida y la muerte, claro que priorizas. Los médicos llegaron a decir que posiblemente no podría volver a subirme a un escenario"
P. Hace unos años tuviste un problema de salud grande. ¿Te sirvió para replantearte algunos aspectos de tu vida?
R. Por supuesto. Cuando uno enferma de esa manera y estás entre la vida y la muerte, claro que priorizas. Tuve que recuperarme durante un año y pico. Los médicos llegaron a decir que posiblemente no podría volver a subirme a un escenario.
P. Dime tu escala de prioridades.
R. Creo en la armonía de la vida, en la armonía de la gente, en poder llevarnos bien, en ser tolerantes, buenas personas. Aunque seamos diferentes, encontrar el punto de unión y no al contrario. Mi disco se llama 'Baró Drom (Éxode)'. Es una palabra gitana, romaní, que significa "buen camino".
P. Me contabas que te gusta subirte al coche y perderte. ¿Lo sigues haciendo?
R. Sí, soy embajador de Citroën y tengo un coche híbrido. Hay muchos días que, por ejemplo, me asomo a la terraza y veo que al fondo se ha abierto el día, y agarro el coche y me voy buscando el sol y la naturaleza. La soledad es importante para mí. De esos viajes salen mis pensamientos, mi música, lo que quiero a mi familia, a mis amigos...
P. ¿Y si tuvieras que elegir con quién irías, sin contar con la familia?
R. Fito y los Fitipaldis. Se me han muerto amigos como Antonio Flores, Antonio Vega, Manolo Tena. Eran mis colegas y se fueron.
P. Al ser gitano, ¿has sentido algún tipo de racismo? Me refiero en el colegio.
R. Soy del barrio de Campamento, donde éramos todos iguales y no había nada de racismo. Mis hijas, sí, y lo he sufrido por ellas. Lo que hacíamos era hablar con los profesores, con los padres e intentar tener sentido común para solucionarlo. En el momento que hay cualquier incidente, las luces de aviso se tienen que encender rápidamente.
"Viví cuatro años en Miami y estaba a punto de tener la green card. Y le dije a Mariola: 'Vámonos a España, porque creo que este país no acoge como lo hacemos nosotros'"
P. La situación de los inmigrantes en Estados Unidos se está poniendo muy difícil. ¿Viajarías a Estados Unidos?
R. Cada vez me gusta menos Estados Unidos. Viví cuatro años en Miami y estaba a punto de tener la green card. Y le dije a Mariola: "Vámonos a España, porque creo que este país no acoge como lo hacemos nosotros". Lo que estamos viendo ahora, de cómo detienen a la gente en la calle, a los niños cuando salen de la escuela, es terrible y cruel.
P. Antes, si se quería escuchar flamenco, tenías que ir a tablaos; ahora son otros foros, como el Teatro Real.
R. Me encanta que el flamenco puro se mantenga. Yo vengo de los tablaos, donde trabajabas a destajo. Había veces que algún cliente te decía a las tres de la mañana: "Quédate un poco más y te doy tanto". Y el tío se quedaba dormido y ni nos pagaba.
P. Siempre suele haber pique entre los artistas. En el mundo flamenco, ¿no lo hay o no se trasluce?
R. Bueno, no te creas. No se trasluce porque somos de arreglar las cosas de puertas adentro y nos decimos las cosas a la cara. El mundo del flamenco no es un camino de rosas. ¿Sabes cuándo nos echamos una mano? Si enfermamos. Entonces, todos a una.
"Alba Flores necesitaba deshacer ese nudo que tenía en el corazón. Lo vi con mi madre, agarrado de su mano, en la casa de Cádiz, y no paramos de llorar en todo el documental"
P. ¿Cómo es tu etapa de abuelo?
R. Cada día que puedo, voy a por él. Viven muy cerca y me lo llevo de paseo. En la vida, una vez que has criado a tus hijos, pensaba: llegan los nietos, están ahí y ya. Y te digo que nunca imaginaba tanta felicidad.
P. El documental de Antonio Flores que ha hecho su hija Alba es una joya en todos los sentidos.
R. Alba necesitaba deshacer ese nudo que tenía en el corazón. Lo vi con mi madre, agarrado de su mano, en la casa de Cádiz, y no paramos de llorar en todo el documental.
P. Mariola Orellana es la matriarca. Háblame de ella.
R. Totalmente. Es la que decide, la que organiza, la que está en la casa, la que soluciona y ejecuta, y la que nos cuida a todos.
Antonio Carmona sabía desde muy pequeño que su vida era la música. A los 13 años ya cantaba con la familia. Formó parte del grupo Ketama con 14, y lo abandonó solo profesionalmente hace dos décadas. En el aspecto afectivo, forma parte de la gran saga que son Los Habichuela y los Carmona. En Navidad es el gran anfitrión y se juntan todos, más los amigos, en su casa de Madrid. Es un hombre acogedor, noble y con las prioridades vitales muy claras a raíz de su momento más crítico, cuando estuvo entre la vida y la muerte.