Moyá, Cerezuela y Carla, la familia es cosa de tres
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Matías Vallés

Diario de Robinson

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Moyá, Cerezuela y Carla, la familia es cosa de tres

Me andaré con ojo porque, cada vez que escribo que Carlos Moyá -"soy español y mallorquín, no voto"- es más apreciado en Mallorca que Rafael Nadal,

Me andaré con ojo porque, cada vez que escribo que Carlos Moyá -"soy español y mallorquín, no voto"- es más apreciado en Mallorca que Rafael Nadal, me gano un rapapolvo de los españoles profesionales. Y eso que ninguno de los campeones juega a la derecha del otro. Los celosos guardianes de la ortodoxia patriótica deben aceptar que los iconos no pueden compatibilizar la universalidad con la particularidad, salvo que alguien crea que el señor McDonald's es norteamericano. En todo caso, no hablaríamos de esto si el primero de los citados no hubiera irrumpido el miércoles en la paternidad, como un día lo hiciera en el Open de Australia -finalista-, en Roland Garros -campeón-, en la Copa Davis -decisivo en el triunfo de 2004 en Sevilla- y en el ránking de la ATP -el primer número uno español-.

La hija de Carlos y Carolina Cerezuela debía llamarse por fuerza Carla. Comprendemos la euforia de los allegados, los cuatro consuegros se encontraban fuera de la isla en el momento del parto, pero también se nos deberá permitir la tristeza de acuñar el titular que no pensábamos escribir jamás, "Carlos Moyá, padre de familia". Al fin y al cabo, se trataba del donjuán irresistible que reconocía que "he cometido más errores fuera que dentro de la pista pero, si no pruebas, no te equivocas".

 

No debimos llamarnos a engaño, porque Moyá nos manifestó con claridad, hace ya tres años, que "mi futuro es una familia, con mujer e hijos". Así que nos resignamos hoy a constatar que el mundo cuenta con tres personas felices, mientras el resto de la humanidad busca nuevos mitos. Después de Flavio Briatore, el galán treintañero se derrumba sobre la tierra batida. Nadie está a salvo, si ha caído un icono de todas las orientaciones y proclividades sexuales. Por ejemplo, los gays australianos lo elevaron a la consideración mítica tras descubrirlo en las pistas de Melbourne. Dueño de un poderosísimo 'drive', ha sabido vivir y equivocarse porque "vivir es más importante que jugar, sólo se vive una vez". Sólo se nace una vez, la actriz y el campeón se enfrentan hoy a esa constatación desde un emparejamiento longevo que contrasta con la leyenda lábil de Moyá.

Sólo se vive una vez

 

La relación de los Moyá/Cerezuela ha promocionado Mallorca con elegancia, la semana que viene con la exclusiva del natalicio en la revista de rigor. Por otra parte, esa publicidad no ha sido compensada con fondos públicos, mientras que el Govern autónomo se salta la austeridad pagando un millón de pesetas diarias a otros tenistas multimillonarios. El currículum sentimental de Carlos Moyá se enriquece con las figuras de Inma del Moral y de Patricia Conde. En efecto, un psicoanalista disfrutaría explicando la conexión entre las figuras de las estupendas señoras. Sin veleidades intelectuales, el destinatario exponía con claridad que "si ves a una mujer normal por la tele, te gusta más". En caso de duda, que le pregunten a Felipe de Borbón.

 

Para algunos, y ya me disculparán el cariz masculino de este artículo, Moyá sólo ha sucumbido después de resistirse con gallardía y, por supuesto, se rinde frente a la mujer adecuada, a la que idolatra todo un país. Hasta ahora, el tenista se había resguardado bajo un comportamiento que expresa en forma de lema, y que transcribiré según se produjo en nuestra conversación:

 

–¿Correr es de cobardes?

 

–No siempre. Salir corriendo a tiempo te salva de muchas cosas.

 

–¿También en la vida?

 

–Te estoy hablando de la vida.

 

Así hablaba Marlowe. Por supuesto, ni con la velocidad de Usain Bolt se podría escapar del campo magnético de Carolina Cerezuela, una mujer que Chandler habría querido soñar.