Los príncipes, de incógnito, y Cortina-Cúe, de fiesta
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Paloma Barrientos

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Los príncipes, de incógnito, y Cortina-Cúe, de fiesta

Mientras los príncipes aterrizaban en Mallorca como si fueran un matrimonio de clase media gracias a un paquete vacacional de los muchos que se encuentran en

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Los príncipes, de incógnito, y Cortina-Cúe, de fiesta

Mientras los príncipes aterrizaban en Mallorca como si fueran un matrimonio de clase media gracias a un paquete vacacional de los muchos que se encuentran en Internet, Alberto Cortina y Elena Cúe tiraban la casa por la ventana para recibr a sus 170 íntimos en una cena típicamente isleña. Respecto al heredero y su prole no se entiende muy bien esa manía de aparecer y desaparecer como si fueran los protagonistas de la canción de Cristina Rosenvinge. Ya saben, aquella que decía “cuando crees que me ves, cruzo la pared… hago chas y aparezco a tu lado”. En esta ocasión, y a diferencia de lo que hicieron los Reyes al llegar al aeropuerto, que posaron para los medios acreditados y así dar por inaugurada la temporada estival, la pareja real y sus infantitas Leonor y Sofía se plantaron en la isla sin avisar a nadie.

Menos mal que estos días la princesa y su descendencia se dejaron ver en el Náutico ¡Con lo necesarias y poco comprometidas que resultan en estos momentos las fotos más informales y familiares para ilustrar las revistas del corazón! Esas, que a diferencia de los periódicos más proclives a los jefes de Estado elegidos periódicamente en las urnas, dan puntual cuenta de la dedicación pública y solidaria de los reyes y sus hijos. Por eso intuyo que los numerosos posados compartidos - Rey, Reina, heredero, nuera...- donde la estrella del mambo es Leonor, tienen algo que ver con esa idea de no mosquear gratuitamente a los medios que muestran la cara más favorable de la Primera Familia.

En cambio, Alberto Cortina –con sentencia firme caso Urbanor (ver noticia)- y la bella Elena hicieron todo lo contrario. ¡Que se entere el mundo de que estamos aquí! El año pasado se compraron una montaña con casa y todo, en Soller, pero las obras que vigila Pascua Ortega aún no han acabado. Dicen los que lo han visto que son casi como las de El Escorial, y que por eso han alquilado durante este verano y el siguiente el casoplón de Manolo March en Valldemossa.

Mientras, el dueño se ha ido a vivir al torreón que forma parte del predio y les ha dejado la hacienda, el servicio completo y la imponente e importante colección de arte que incluye una maravillosa selección de platos de porcelana inglesa. Con más de diez habitaciones, salones para recibir y jardín los Cortina, su hija Alejandra y Pedro, el pequeño de Alicia Koplowitz, cambiaron el año pasado el crucero por Costa Esmeralda por el ambiente de los amigos de toda la vida que prefieren la isla al turisteo de lujo.

La reunión tuvo lugar en el jardín y la anfitriona eligió un menú típicamente mallorquín, a base de tumbet, cocas, ensaladas, mero con espinacas y piñones, codornices y postres variados. Una orquesta y un dj animaron a la pandilla de verano, donde no faltaron Leopoldo Rodés, Cary y Miriam Lapique, Carlos Goyanes, Florentino Pérez y su mujer Pitina, un antiguo Philippe Junot -que debería desterrar de su vestuario los conjuntos que lucía cuando aún era señor Grimaldi-, Marina Castaño, Nuria González (sin Fernando Fernández Tapias), Cristina Macaya, Jaime Polanco y Fiona, José Miguel Fernández Sastrón y Simoneta Gomez Acebo, más el adosado de su hermano y Laura Ponte. Seguramente me regañara, pero mantengo que lo mejor de los primos Borbón son María Zurita y el propio Sastrón.

Sorprendió la presencia del músico (ex Mecano) José María Cano. Parece que le une al menos amable de los Cortina la afición compartida por el arte. Entre el resto de invitados, los temas de conversación de la noche giraron en torno a la desaparición de Polanco (socio y amigo de muchos de los asistentes) y la compra por parte del grupo Planeta del periódico El Tiempo, por el que también pujó –sin conseguirlo- Prisa.