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Urdangarín y Marichalar, dos infantas y dos destinos

Desde que Jaime de Marichalar e Iñaki Urdangarín entraron a formar parte de la Familia Real a través de sus matrimonios con las infantas, las comparaciones

Foto: Urdangarín y Marichalar, dos infantas y dos destinos
Urdangarín y Marichalar, dos infantas y dos destinos

Desde que Jaime de Marichalar e Iñaki Urdangarín entraron a formar parte de la Familia Real a través de sus matrimonios con las infantas, las comparaciones han sido habituales y casi siempre el que salía beneficiado era el exjugador de balonmano del Barcelona.    

Además de su vistosidad, a Urdangarín se le suponía un currículum académico superior al del duque de Lugo que solo tenía COU y selectividad. Aunque en el caso del deportista tampoco fue alumno aventajado por su dedicación al deporte, lo que no ha impedido que fuera elegido presidente de Telefónica para desempeñar un cargo de responsabilidad en la antigua empresa estatal.  

Hubo un primer fichaje en junio de 2006 como consejero de Telefónica Internacional en Barcelona, ciudad en la que residía con la infanta y sus niños, y  tres años más tarde fue nombrado consejero para Latinoamérica y EEUU. 

La familia Urdangarín/Borbón se trasladó a Washington con un contrato blindado y todos los gastos pagados, que incluía el colegio de los niños, el alquiler de la casa, seguros médicos y demás temas logísticos. Salvo las cuestiones de seguridad, que corrían a cargo del Ministerio del Interior, y los desplazamientos como duques de Palma, a cuenta de Exteriores.

Coincidiendo con este traslado, ya había trascendido públicamente que el Instituto Nóos, presidido por Urdangarín, se había beneficiado de unos contratos cuanto menos sospechosos del Gobierno Autonómico de Baleares y de la Comunidad Valenciana. Unos hechos que han desembocado en que la Fiscalía Anticorrupción de Baleares atribuyera al yerno real una “actividad encaminada a apoderarse de fondo públicos”,  utilizando facturas falsas e infladas y valiéndose de presupuestos y servicios ficticios.

En aquel momento la marcha del duque y su familia se presentó desde Zarzuela como una  oportunidad profesional  “dentro de las ofertas que reciben muchos profesionales jóvenes para  desarrollarse fuera de España”. Una explicación un tanto chusca porque ya se sabía que el desplazamiento a Washington del exjugador de balonmano tenía otras causas.

De hecho, el Rey había presionado al marido de su hija para que abandonara la presidencia de Nóos, sabedor del daño que esos negocios podían causar a la Corona, como así ha sido. Coincidiendo con el abandono forzoso, se borró de la biografía oficial que aparece en la página de la Casa Real su paso por la cuestionada empresa.

Durante años y hasta ahora, Urdangarín fue el yerno preferido del Rey. Además de hacer feliz a la infanta Cristina, se implicaba en la educación de los hijos y compartía la afición por todo tipo de deportes, una faceta indispensable si se quiere triunfar en el círculo Borbón.

Aparentemente era discreto en obra, palabra y estilismos. Para el monarca era su favorito en detrimento de Marichalar, que no sabía ni jugar al tenis y los deportes acuáticos y las regatas le horrorizaban, como a Letizia, que solo le gusta el mar para bañarse. Salvo el primer año como duque de Lugo que, por exigencias del guión, tuvo que acostumbrarse a la vena marinera de su familia política, nunca más volvió a subirse a un barco que no fuera el Fortuna cuya estabilidad es como la de tierra firme.

Sus extravagancias estéticas no gustaban en Zarzuela y cuando llegó el divorcio, se le cerraron muchas puertas, incluidos los consejos de Administración que ostentaba por ser duque consorte. También se filtraron informaciones interesadas sobre los requisitos económicos y sociales que imponía para que su ruptura matrimonial no fuera un contencioso público. Esas condiciones no eran reales porque previamente a su boda sevillana con la Infanta Elena, el 18 de marzo de 1995, la pareja había firmado unas capitulaciones que dejaban poco margen a la negociación.

Con la invisibilidad de Marichalar en el núcleo de los Borbones, el duque de Palma se convirtió en la piedra angular de los veranos mallorquines  y se transformaba  en el tío solicito de Froilán y Victoria. Ahora las cosas han cambiado, Marichalar podía ser un cursi, pasarse el día de shopping por la Milla de Oro madrileña, ser simpático solo con determinado estrato social, pedir determinado trato por haber sido y ya no serlo, pero nada más. Los destinos de Urdangarín y Marichalar se reescribieron el día en que se casaron con las hijas del Jefe del Estado. Para uno ya se cerró ese capítulo mientras que para el exjugador de balonmano aún quedan muchos renglones que componer. El  más peligroso  tiene que ver con su implicación judicial. 

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