El mosqueo del Príncipe y la sonrisa de Letizia
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Paloma Barrientos

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El mosqueo del Príncipe y la sonrisa de Letizia

A falta de información previa por parte de los responsables de comunicación del palacio de la Zarzuela, que ya se sabe que cuando no hablan es

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El mosqueo del Príncipe y la sonrisa de Letizia

A falta de información previa por parte de los responsables de comunicación del palacio de la Zarzuela, que ya se sabe que cuando no hablan es porque así se lo han comunicado desde arriba, todo eran cábalas acerca de quién estaría en la Misa de Pascua en Palma.  Combinaciones y permutaciones variadas que en las quinielas más atrevidas o ilusas incluían a las infantas y a sus hijos respectivos como los colaterales que servirían para dar lustre a una foto familiar que cada vez resulta menos representativa.

Sólo se presentó el núcleo duro formado por los príncipes y sus niñas, la duquesa de Lugo, cumpliendo con su papel de infanta de España, y la Reina como figura estelar, unificadora y representando lo que muchos ciudadanos quieren ver después del desastre que han supuesto los desmanes de Urdangarin, los correos desestabilizadores de Torres y la aparición pública de la consultora Corinna que, por cierto y según confirmación oficial, “lleva sin aparecer por España mucho tiempo”.

La invisibilidad de la infanta Cristina fue una decisión correcta. No están los tiempos para caldear el ambiente y eso lo saben el heredero y su consorte, que fue realmente la que supo salvar la situación cuando un grupo de ciudadanos les dedicaron una pitada a su llegada. La Princesa se lo tomó con filosofía y su expresión gestual fue la sonrisa, aunque la procesión fuera por dentro. Después consiguió apaciguar los ánimos al tomar a un bebé en brazos, rompiendo el protocolo.

En cambio, don Felipe, representante del núcleo duro, que debía estar más atento a sus gestos, hizo todo lo contrario. Miró a la concurrencia con cara de pocos amigos al tiempo que levantaba los hombros en una actitud un tanto retadora. ¿Qué pasa?, parecía querer decir.

Pues pasa, alteza, que los españoles están hasta los mismísimos de la corrupción, de que no les llegue el dinero a fin de mes, de que los hijos con currículums como el suyo tengan que emigrar e incluso hasta algunos padres también se van porque aquí no hay futuro, porque a los súbditos les echan de sus casas por no poder pagar una hipoteca, mientras al cuñado le permiten retrasar sus pagos. Por todo esto y por mucho más lo que hay que hacer con los ciudadanos es sonreírles como ha hecho siempre la Reina y como lo hace ahora la Princesa. Los mosqueos para casa.

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