Luis Alfonso de Borbón, vida desgraciada con final feliz
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Paloma Barrientos

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Luis Alfonso de Borbón, vida desgraciada con final feliz

El duque de Anjou, que lo es por herencia, no ejerce como tal salvo cuando preside en París actos que tienen que ver con los legitimistas.

Foto: Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas, en una imagen de archivo (I.C.)
Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas, en una imagen de archivo (I.C.)

El duque de Anjou, que lo es por herencia, no ejerce como tal salvo cuando preside en París actos que tienen que ver con los legitimistas. Sus seguidores reivindican el trono de Francia como último Capeto. Salvo esas intervenciones, que resultan más pintorescas que efectivas y que sirven como ilustración gráfica para las reuniones en la catedral de Saint-Denis, donde están enterrados la mayoría de los reyes, el hijo de Carmen Martínez Bordiú procura mantener un perfil mediático bajo. Su invisibilidad es manifiesta, a diferencia de otros miembros de la saga que se convierten en protagonistas a cambio de ofertar su vida. El último ha sido el tío Francis Franco, que se ha convertido en polemista televisivo. Nada que envidiar a los colaboradores del programa Fuera de Ley.

Luis Alfonso es un hombre tranquilo, educado con la prensa, que no se prodiga en los medios y que cuando acude a un lugar público, como hace poco al Rastrillo de Nuevo Futuro, da facilidades a los periodistas. La última vez poso con su mujer Margarita de Vargas y sus tres niños, que no comen micrófonos y que llevan con naturalidad la fama de sus papas.

El sábado no pudo acudir a la primera actuación pública de su hija Eugenia, que bailó sevillanas en uno de los locales del rastrillo. Sí estaban su abuela Carmen Franco y su madre, Carmen Martínez Bordiú, aplaudiendo a la tercera generación de mujeres de la saga. Como era de esperar, no hubo exclusiva.