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Las plañideras de turno en los funerales de Botín e Isidoro Álvarez

Del mismo modo que hay profesionales del canapé, que sin saber cómo ni por qué se cuelan en actos sociales donde a veces ni la prensa puede entrar o se la veta, existen los plañideros oficiales de entierros y funerales

Foto: Imagen del funeral de Isidoro Álvarez (E. Villarino)
Imagen del funeral de Isidoro Álvarez (E. Villarino)

Del mismo modo que hay profesionales del canapé, que sin saber cómo ni por qué se cuelan en actos sociales donde a veces ni la prensa puede entrar o se la veta, existen los plañideros oficiales de entierros y funerales. Los hay de ambos sexos y se les reconoce porque acuden con caras compungidas, aunque su relación con el fallecido haya sido de media hora. Su uniforme se completa con gafas oscuras, aunque el acto sea al caer la tarde, como sucedió en el funeral de Isidoro Álvarez celebrado este lunes en la iglesia de San Ginés.

Horas antes, esas mismas personas se dejaban caer en la Fundación Areces y lo más llamativo es que comparecían como si se tratara de un cóctel o una reunión de trabajo donde hay que vender el currículum. En el primer caso, con el móvil echando humo, que sólo abandonaban si en el camino aparecía el poder en forma de Ruiz-Gallardón, Alierta, Entrecanales o similar. En ese momento dejaban la charla y se acercaban al personaje con cara de circunstancias como si formaran parte de la llamada casta del dinero y las influencias.

 

Imagen del funeral de Isidoro Álvarez (E. Villarino)
Imagen del funeral de Isidoro Álvarez (E. Villarino)

 

“¿Y éste quién es?”, se escuchó esa mañana más de una vez a empresarios de primera fila al toparse con la plañidera de turno, que hacía entrega de la tarjeta de visita correspondiente. La versión femenina ha sido en estas dos defunciones menos habitual que en otras ocasiones. Mientras a ellos se les reconocía por el móvil de última generación en la oreja, a ellas por su uniforme oficial más cercano a los entierros de las películas de Fellini que a los funerales a los que estamos acostumbrados en España. Tacones de plataforma o de aguja, trajes negros sin mangas de los denominados petite robe noire y gafas grandes que aparentemente ocultaban una pena inexistente. En la iglesia de San Ginés hubo dos mujeres de buen ver que cerraron cena en restaurante de lujo tras el funeral.

Estos profesionales utilizan este tipo de actos multitudinarios donde tampoco hay mucho sentimiento, sino figureo (postureo, se llama ahora) para relacionarse e intentar hacer negocios, como sucedió en ambos entierros. Sólo con ver las fotos se reconoce a los llorones de pacotilla.

En Vena
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