La infanta Cristina sigue sin enterarse de nada
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Paloma Barrientos

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La infanta Cristina sigue sin enterarse de nada

Hasta que surgió el escándalo del caso Nóos, que ha supuesto la imputación del matrimonio Urdangarin Borbón, a la infanta Cristina se la suponía una mujer

placeholder Foto: La infanta Cristina, durante su juicio en Palma en febrero de 2014 (Gtres)
La infanta Cristina, durante su juicio en Palma en febrero de 2014 (Gtres)

Hasta que surgió el escándalo del 'caso Nóos', que ha supuesto la imputación del matrimonio Urdangarin Borbón, a la infanta Cristina se la suponía una mujer inteligente y con amplios conocimientos en presupuestos. En la Fundación La Caixa, para la que trabaja, ella es la responsable de organizar proyectos solidarios y, por lo tanto, está acostumbrada a evaluar costes y manejar el dinero. Licenciada en Políticas como Pablo Iglesias, con varios másteres y en nómina ya desde que era joven en organismos internacionales, resulta que toda su sapiencia ha desaparecido por arte de magia. No sabía echar las cuentas cuando su marido y ella compraron el casoplón de Pedralbes por casi 6 millones de euros. Desconocía si le iban a cuadrar las cuentas con el pago trimestral de 52.000 euros por la hipoteca de cinco millones que solicitaron. Puede ser que cogiera el ábaco y se cansara de marcar bolitas. O lo más seguroes que le diera igual. Tampoco se enteró que las clases de salsa, el sushi a 3.000 euros el encargo, los viajes familiares de safaris y demás menudencias no se podían pagar con dinero ajeno.

Conclusión, la infanta lista se había convertido en una mujer prácticamente iletrada y, por lo tanto, no era consciente de las tropelías del duque. Y en esa falta de conocimiento, más las endorfinas del amor por su marido, basaron sus abogados su defensa. Visto lo visto, no resultó. Al menos hasta el día 23, que se supone es la fecha en la que el juez Castro emitirá su veredicto y se abrirá el juicio oral contra todos los imputados en el 'caso Nóos'.

Con la infanta se hacen quinielas en el sentido de si se aplicarán las llamadas doctrinas Botín o Atutxa. Por si las moscas, la infanta decidió depositar los casi 600.000 euros (¡quéfacilidad para manejar dinero!) de responsabilidad civil que pidió el fiscal Horrach. Pues hasta en esto ha metido la pata. En vez de supervisar la transacción, lo dejó en manos del señor Roca y compañía, y estos se han equivocado y han consignado el dinero en una cuenta que no era y deotro juzgado. Si esto hubiera sido una película con un final feliz del tipo ¡Qué bello es vivir!, esos 600.000 euros deberían haber acabado repartidos entre gente necesitada.

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