La Navidad más solitaria de Alfonso Díez
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Paloma Barrientos

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La Navidad más solitaria de Alfonso Díez

No se separaba de Cayetana. Ni de día ni de noche. El hábito se convirtió en costumbre para el duque viudo y por eso ahora la ausencia de la duquesa pesa como una losa

placeholder Foto: Alfonso Díez se abraza con Tana, la nieta de Doña Cayetana, tras el funeral de Sevilla (Gtres)
Alfonso Díez se abraza con Tana, la nieta de Doña Cayetana, tras el funeral de Sevilla (Gtres)

Alfonso Díez, duque viudo de Alba, se ha refugiado en sus amigos de toda la vida, a los que dejó de ver este último año porque la duquesa noquería que compartiera su tiempo con nadie ajeno a su círculo sevillano.Una cosa era quefuerade visita a casa de Curro Romero y Carmen Tello, y otra muy diferente que viajara a Madrid en solitario para encontrarse con las amistades de los tiempos en los que era funcionario. Y como Alfonsoha sido hombre de talante conciliador, no le merecían la pena las discusiones con su mujer por asuntos en los que no le iba la vida.

Cayetanafue con Alfonso mucho menos permisiva a la hora de admitirlesus dosis de libertadque con Jesús Aguirre. El anterior duque tenía vida propia y, de hecho,dos hermanos de Alfonso erancompañeros dediversión y devida lúdica de Aguirre en Madrid. Pero con Alfonso fue diferente, entre otras cosas porquela duquesa ya era una dama casi nonagenariacon mucha más dependenciaafectivade este tercer amor que con sus anteriores maridos.

A partir de la boda, el tiempo deAlfonsotuvo otra dimensión. Veinticuatro horas al día dedicadas a su duquesa.Pidió una excedenciaque ahora tendrá que volver a negociarpara que sea definitiva, porque no entra en sus planes volver al ministerio. Se instaló en Sevilla dedicado en alma, corazón y vida a su mujer.A las ocho de la noche, cuando Cayetana se iba a dormir, él se quedabaviendo películas y leyendo como máxima diversión. Así un día y otro, cuya única variación este último año fue el viaje a San Sebastiánen verano. Una estancia que duró menos de un mes, porquedonde Cayetana se encontraba a gusto era ensu palaciosevillano de Las Dueñas.

Volvieron a la rutina, que en el caso delduque consorte era dedicación exclusiva, sin horario alternativo.Incluso en una de las habitaciones se organizó un minigimnasioy una de las albercas se convirtió en piscina.Todoregularizado para que Alfonso no tuviera que abandonar a su mujer salvo para lo más imprescindible, como eran las visitas al dentista. En estas situacionesel chófer de Liriase encargaba de llevarlo, esperarlo y de nuevo a casa.El hábito se convirtió en costumbre para Alfonso Díezy por eso ahora la ausencia de la duquesa pesa como una losa sobre la vida cotidiana del viudo.

“Cuando se están las 24 horas juntos como estaban ellos y de repente falta uno, hay que acostumbrarse a otro ciclo diferente. En ese punto está Alfonso, que se encuentra verdaderamente triste y sin ganas de hacer nada. Aún no sabe si acudiráa Liria a cenar la Nochebuena o se irá a casa de su hermanaBegoña.La verdad es queestá absolutamente desolado”, cuentan los amigosde Madrid, que intentan por todos los medios animar alduque viudo de Alba.

Alfonso Díez Cayetana de Alba Muere la duquesa de Alba Duquesa de Alba