Las chulerías y los órdagos de la infanta Cristina

Llama la atención que la infanta Cristina se presente en la celebración posterior a la comunión de la heredera sin haber mostrado ningún gesto de arrepentimiento

Foto: La infanta Cristina, en una imagen de archivo (Efe)
La infanta Cristina, en una imagen de archivo (Efe)

La presencia de la infanta Cristina y de su hija, Irene Urdangarin, en el almuerzo posterior en Zarzuela a la celebración de la primera comunión de la Princesa de Asturias no tendría mayor recorrido que los comentarios propios a una reunión familiar en Zarzuela. Nada que objetar si no fuera por el secretismo y la opacidad que rodea el mundo de los imputados duques de Palma y de este viaje, que ha supuesto aparentemente un cambio en la estrategia de Felipe VI.

Efectivamente, la hija de los Reyes eméritos recibió la invitación de su hermano, el Rey Felipe VI, quien durante los últimos tiempos ha dispuesto de un cortafuegos entre las tropelías de los Urdangarin Borbón y la jefatura del Estado que representa. No hay que olvidar que el caso Nóos fue el detonante de la caída en picado de la imagen de la monarquía en España. Corinna y Botsuana fueron un ‘más a más’.

Corinna, los duques de Palma y Don Juan Carlos (Efe)
Corinna, los duques de Palma y Don Juan Carlos (Efe)

Los resultados de las encuestas fueron demoledores y solo Doña Sofía se salvaba de esa quema ciudadana. Después vino la abdicación y la proclamación del nuevo Rey, donde la infanta Cristina y sus hijos ‘no existieron’. Los niños no tenían la culpa de los disparates paternos. En ese momento no se habría criticado que se los tuviera en cuenta y se les hubiera invitado. Se trataba de un momento histórico entendible para la opinión pública. Urdangarin, que tiene mando en plaza, no quiso siguiendo la máxima de 'todos o ninguno'.

Ahora parece que el guión de Zarzuela ha cambiado coincidiendo con el cierre de la instrucción del caso Noos y el fiscal Horrach solicitando una rebaja en la fianza de responsabilidad civil. O puede ser, como dicen, que la influencia de la Reina Doña Sofía en la nueva corte haya sido fundamental. Si esto fuera cierto, extraña que la Princesa de Asturias y su hermana no acudieran a la primera comunión de Irene en Ginebra siguiendo la misma línea editorial: los niños no tienen la culpa.

El problema de toda esta historia no es la presencia de la duquesa de Palma en la fiesta familiar, lo que sorprende es que, por el momento, no haya ningún gesto de arrepentimiento público. Ni ha pedido perdón por el daño a la Corona ni quiere renunciar a sus derechos, salvo si se cumplen sus pretensiones. Hasta ahora, si no hay cambios, los órdagos y las chulerías forman parte del historial de una infanta de España que lo es por nacimiento, pero no por comportamiento.

Puede ser que la renuncia esté al caer y ese haya sido el trueque con el hermano rey

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