Así viví (desde dentro) la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag

Repasamos los avatares de la celebración en EL Escorial cuando se cumplen 15 años de aquel festín poco convencional

Foto: Ana junto a su padre, José María Aznar. (Gtres)
Ana junto a su padre, José María Aznar. (Gtres)

Han pasado quince años de la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag en la basílica de El Escorial con el presidente de Gobierno, José María Aznar, ejerciendo de padrino. Un enlace que en aquel momento se bautizó como el de la 'tercera infanta', dada la puesta en escena tan impresionante. Los reyes don Juan Carlos y doña Sofía presidiendo la ceremonia, como ya lo habían hecho con anterioridad en las bodas de sus dos hijas, las infantas Elena y Cristina. En este caso, hicieron el paseíllo por una alfombra roja que ocupaba parte del patio por el que se accedía a la iglesia, como el resto de los invitados. Su llegada coincidió con la de Julio Iglesias y Miranda, que acompañaron a la pareja real hasta el interior del templo. En el trayecto, el cantante charlaba con el monarca mientras le palmeaba la espalda y le hacia reír con sus comentarios.

En varios lugares del recorrido se habilitaron zonas para los fotógrafos, cámaras de televisión y periodistas que ya en el mes de junio tuvieron que acreditarse en Presidencia para poder acceder al lugar. Hubo señal oficial durante los diez primeros minutos de la liturgia, que TVE tuvo que facilitar al resto de los medios. El pueblo soberano se encargó de colocar la nota acústica y dependiendo de las simpatías que despertaran los personajes aplaudían más o menos. Julio Iglesias o Preysler fueron de los más celebrados.

Un numeroso grupo de azafatas se encargaba una vez que se traspasaba el cordón policial de dar el visto bueno. No hubo posibilidad de 'colones' profesionales porque titulares y acompañantes debían llevar la invitación en mano. Este aviso de ir documentado se realizó también desde Presidencia una vez que se confirmaba la asistencia. El lugar elegido por los novios para su compromiso matrimonial ya daba una idea de cómo discurriría la ceremonia y el posterior convite. En El Escorial se encuentran enterrados 26 reyes y reinas de España.

Julio Iglesias y Miranda en una imagen de la boda. (Gtres)
Julio Iglesias y Miranda en una imagen de la boda. (Gtres)

El tratamiento que se dio a la celebración resultó impresionante, con primeros ministros extranjeros como Tony Blair y Silvio Berlusconi, presidentes de comunidades autónomas, ministros, banqueros y el poder político y social que funcionaba en aquel momento. Muchos de ellos están actualmente implicados en tramas de corrupción. Una de las anécdotas de la boda corrió a cargo de Berlusconi. Ya estaba divorciado de su mujer y apareció con una amiga espectacular ataviada con un ajustadísimo minivestido dorado. El paseíllo de la pareja hasta el lugar designado en la iglesia fue seguido con incredulidad por muchos de los invitados, que no daban crédito al desfile de la joven, que más parecía una profesional de la pasarela.

Reunión en Moncloa

Ana Botella y Aznar el día de la boda de su hija. (Gtres)
Ana Botella y Aznar el día de la boda de su hija. (Gtres)

Ana Botella se encargó de la supervisión total de la boda de la niña de la casa. En julio, dos meses antes de la celebración, la presidenta consorte invitó a un grupo de periodistas de sociedad al palacio de la Moncloa para darnos detalles más concretos. Organizó una merienda en los jardines de la residencia oficial y esa tarde ya dio algunas de las pinceladas que servirían para estructurar la información.

Botella fue contando a quién había encargado su vestido sin dar más datos de color y hechura, de cómo les informaron Ana y Alejandro de su decisión y cómo el presidente/padre pidió a su hija que acabara la carrera de psicología aunque fuera ya como señora de Agag. Ese día también adelantó que el convite nupcial lo haría José Luis Solaguren. El tabernero, que falleció hace cuatro años, había hecho siempre todas las celebraciones (cumpleaños, bautizos, primeras comuniones…) de la familia Aznar Botella.

A diferencia de lo que sucedió en la basílica, donde no hubo ninguna deferencia con los periodistas, en el convite nupcial en Los Arcos del Real, José Luis se encargó de que sus camareros sirvieran bandejas de canapés, pinchos de tortilla y bebidas a la prensa que permaneció de guardia hasta que empezaron a desfilar los invitados más importantes.

En Vena

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