El juez Castro o el Llanero Solitario del siglo XXI
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Gema López

Malas Lenguas

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El juez Castro o el Llanero Solitario del siglo XXI

El Estado contra Castro. Esa es la sensación que queda después de saber que hasta el fiscal Horrach le acusa de utilizar una “teoría conspiratoria” en

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El juez, en una fotografía de archivo (I. C)

El Estado contra Castro. Esa es la sensación que queda después de saber que hasta el fiscal Horrach le acusa de utilizar una “teoría conspiratoria” en su intento de imputar a la Infanta Cristina.Cuando hace tres años alguien en Palma de Mallorca me advirtió de la capacidad de trabajo de un hombre bajito a punto de jubilarse y al que no le temblaba el pulso a la hora de tomar decisiones, puse en duda la valentía de Castro. Sin embargo, el tiempo ha dado la razón a aquellos que apostaban por su buen hacer y por su inquebrantable fortaleza a pesar de los obstáculos. Un tiempo en el que ha tenido que aguantar presiones y seguimientos personales, confundiendo al malo de la película, que no es nunca quien instruye un caso sino el que bajo sospecha se sienta en el banquillo en calidad de imputado.

Desde hace meses, el juez ha tenido que soportar una campaña de descrédito auspiciada por los altos poderes que temían a un señor de convicciones sólidas al que no han podido moldear según el gusto de aquellos que, desde la sombra, mueven los hilos. Una cosa era imputar a Urdangarín y otra bien distinta poner el ojo sobre una señora que nada sabía y a la que el amor le hacía confiar.

La Audiencia de Palma que la desimputó una vez, la Agencia Tributaria que no vio fraude, el Fiscal Horrach y varios medios de comunicación han levantado las armas ante las decisiones de un señor que lo único que pretende es que se expliquen ciertos tejemanejes que, sobre el papel, huelen a chamusquina.

Lo que no tienen en cuenta aquellos que nos tratan como “populacho” o súbditos de una corona en la que ya casi nadie confía, es que estos movimientos hacen dudar de la veracidad de las palabras de un monarca al que no le temblaba el pulso al afirmar que todos somos iguales ante la ley.

Los enemigos de Cristina están en su propia casa. Tanto privilegio hace sospechar algo pues, quien no la debe, no la teme, y tanto obstáculo para seguir adelante y tanto apoyo institucional desde Gallardón a Aguirre no hacen más que poner en tela de juicio si todavía existen “intocables”.

Llegados a este punto de descrédito, dejemos a los jueces instruir y juzgar o, de lo contrario, volveremos a ser un país poco democrático, subyugado al brazo armado del que manda y en el que no habrá Llanero Solitario que nos salve.

Infanta Cristina Mallorca