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Buenos Aires: libros, dulce de leche y grandes vinos

Como dice la canción, Buenos Aires es como contabas, o mejor como imaginabas. Una ciudad antes melancólica, nostálgica y hasta cierto punto desgarrada por las pasiones,

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Buenos Aires: libros, dulce de leche y grandes vinos

Como dice la canción, Buenos Aires es como contabas, o mejor como imaginabas. Una ciudad antes melancólica, nostálgica y hasta cierto punto desgarrada por las pasiones, que lejos de los viejos tópicos del tango, Gardel y la bombonera, es hoy moderna, vibrante, rompedora y puntera.

Es la capital americana más europea. Mansiones que no desentonarían en París; un Congreso monumental, casi romano; la Catedral Metropolitana, un templo griego al otro lado del océano que como símbolo del poder espiritual se enfrenta a la sede del poder terrenal, la Casa Rosada. La Plaza de Mayo, escenario donde se rendía admiración a Evita y se reclamaba justicia a los generales. Antiguas mansiones y recias farolas de hierro en San Telmo; Caminito vibrante y colorido en Boca; Vanguardista Puerto Madero, donde Sir Norman Foster ha impreso su firma y Calatrava ha tendido el 'puente de la mujer' evocando, dicen, a una pareja bailando tango; ambos ya iconos de la ciudad junto al teatro Colón, el obelisco o el hipódromo.

Pero Palermo es sin duda el barrio más entrañable, con sus calles arboladas, artesanos vendiendo sus últimas creaciones, boutiques independientes, hoteles con estilo y una sucesión interminable de bares, cafés y restaurantes que tientan al caminante con sus terrazas.

Borges definió el paraíso como estar dentro de una librería, y doy fe de que aquí se roza el éxtasis. Librerías increíbles, acogedoras, sugerentes y cautivadoras. Pablo Brown, abrió Eterna Cadencia, una librería mágica, un espacio singular y único, elegante y con buena literatura hispano americana. Es como hurgar entre las estanterías de la casa de un viejo y sabio profesor. Sentarse en sus elegantes y cómodos sofás mientras tomas un gin tonic y se relee con pausa ese libro que llama la atención. Autre Monde, una vinoteca donde comprar libros o una librería donde beber vino. El Ateneo, el gran teatro de magnifico escenario y  amplios palcos, rendido ante el poder de los libros.

El Bar Du Marche, uno de los pocos sitios donde se puede disfrutar de buenos vinos argentinos y chilenos por copas, acompañados siempre de buenas tapas de quesos. Tegui, escondido entre grafitis y pintadas, en nada hacen suponer que tras esa puerta negra, un comedor con cocina vista y un agradable patio central, ofrece  estupendos menús, aunque algo subido de precio. Nola, íntimo, cena a puerta cerrada, con jazz de fondo, un menú degustación de cuatro platos de influencia de new Orleans, cuna de su chef Liza. Aipim, comida de influencias sudamericanas, es de esos sitios en los que te sientes a gusto; Naiara atiende como si te conociera de siempre. La Cabrera, un fijo, un clásico, la parilla por excelencia. Un lugar acogedor, cálido, para disfrutar del que probablemente es el mejor asado de la ciudad. En el primer piso del bonito edificio del club de pescadores El Muelle, frente al gran Río de la Plata. Estupendo marisco y pescado. Muy buena chernia, sorprendentes raviolis negros y merluza del mismo tono con costra de mostaza.

Una opción más económica, un picnic de empanadillas y vino de uva Malbec de Mendoza para tumbarse en la tranquilidad de la reserva ecológica, observando aves y de postre, un increíble helado de dulce de leche en Jauja, frente al zoo.

Para dormir, sin dudarlo, Legado Mítico, en Palermo Soho, elegante, tranquilo, de habitaciones íntimas, dedicadas a destacadas personalidades: Borges,  Evita, Quinquela, Gardel. La zona de desayunos es original y muy agradable, además dispone de una estupenda terraza donde relajarse al final del día.

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