Así es como una celebrity pierde su intimidad
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Alberto Lázaro

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Alberto Lázaro

Así es como una celebrity pierde su intimidad

La privacidad ya no existe. Las exclusivas a golpe de talón tampoco. Es algo que se sabe. Esa práctica tan utilizada por muchas revistas se ha

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Así es como una celebrity pierde su intimidad

La privacidad ya no existe. Las exclusivas a golpe de talón tampoco. Es algo que se sabe. Esa práctica tan utilizada por muchas revistas se ha quedado rancia, y su lugar ha sido ocupado por Twitter, esa red social que nació en 2006 y que ya forma parte de la rutina de miles de famosos, conocidillos y sucedáneos.  

 

Muchos pondrán el grito en el cielo. En realidad, no es para tanto. Las costumbres cambian y con la llegada de Internet y de la globalización ha surgido esa palabra tan rara llamada inmediatez: el gran amigo y enemigo a partes iguales del periodismo.

 

Los ejemplos avalan estas nuevas conductas. Cristiano Ronaldo anunció su paternidad a través de un tweet, Paulina Rubio pidió ayuda para encontrar un nombre con ‘gancho’ para su futuro hijo o Ashton Kutcher desmintió que hubiese sido infiel a su querida y adorada Demi Moore con una joven rubia 20 años menor que su mujer.

 

Pero entre los más de cien millones de usuarios con los que cuenta el microblogging, la que emerge como la reina de Twitter es la omnipresente Lady Gaga que cuenta con casi seis millones y medio de seguidores de todo el mundo interesados en conocer cada instante y cada excentricidad de la cantante. En el podio de esta curiosidad extrema, y al lado de la neoyorkina, se encuentra Barack Obama, el presidente de los Estados Unidos, con más de cinco millones de personas preocupados por saber sus ideas, mítines y discursos en tiempo real. Aunque hay muchos más adictos a Twitter como Eva Longoria, Katy Perry o Rihanna que lo cuentan todo a través de los tweets.   

 

Pero, ¿esto quiere decir que Twitter sólo está hecho para famosos? La respuesta es tajante: “¡No!”. Ser un desconocido para el gran público no significa que no se pueda disfrutar de los encantos que ofrece la red social. Por ejemplo, subir fotos, tweetear  a tus amigos y, lo mejor de todo este tinglado: cotillear, cotillear y cotillear.

 

Poder convertirte en el ojo que todo lo ve. Asomarte por un agujero y descubrir la mansión de David Bisbal y Elena Tablada en Miami, ver cómo Ricky Martin se hace un tatuaje o criticar el modelito que va a llevar Paris Hilton a la fiesta de turno en Los Angeles. Todo al alcance de un par de clicks. Vale la pena ¿no?

 

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