cada vez que habla sube el pan

Tamara Falcó no va a la cabalgata-manifestación del Orgullo y ni falta que hace

La hija de Isabel Preysler y el marqués de Griñón no tiene nada en contra de los gais, pero viene a recordar que no hay que confundir libertad con libertinaje

Foto: Tamara Falcó en su salsa.
Tamara Falcó en su salsa.

Tamara Falcó ha confesado que jamás la veremos en una carroza de la cabalgata del Orgullo por estética. Claro, ella no es una reina para ir en carroza, la reina de corazones es mamá, Isabel Preysler. No acudirá a la manifestación por el respeto a la diversidad por el mismo motivo por el que Ramón María del Valle-Inclán se reconocía como carlista en vez de liberal: “Yo hallé siempre más bella la majestad caída que la sentada en el trono y fui defensor de la tradición por estética”. ‘Sonata de invierno’. Sin duda una razón de peso, un motivo mayor.

Sus palabras exactas han sido: "La cabalgata del Orgullo no me gusta nada por la estética. No porque tenga nada contra los gais. Al revés, tengo muchos amigos gais que comparten mi misma opinión. Jamás me veréis en una carroza. Entiendo lo que defienden y lo comparto, pero la estética no".

En cristiano: Tamara Falcó Preysler y su cuadrilla defienden –parece ser– la libertad sexual de cada individuo siempre y cuando se comporten como tradicionalmente corresponde a su género, como manda la heteronorma. No confundir libertad con libertinaje. No sorprende sabiendo que Tamara es miembro activo de la comunidad religiosa católica y defensora de la misa por televisión. Tamara es posible que padezca plumofobia, como sus amigos gais, que son unos chicos de buena familia que la utilizan de Pascuas a Ramos como tapadera y ella lo consiente creyendo que les está haciendo un favor, pero de puertas para dentro... el Teatro Chino de Manolita Chen.

Tamara con gente de su 'estética'.
Tamara con gente de su 'estética'.


Es contradictorio que la ¿diseñadora? se manifieste a favor de la fiesta de la diversidad, pero no comparta que haya quien pueda ir en tanga y arnés, con plataformas y peluca, en vez de con chino, náutico y camisa blanca. Tamara seguro que se pregunta por qué no hay un orgullo heterosexual y lo cierto es que no lo hay porque los heterosexuales no son perseguidos, discriminados ni agredidos por su condición sexual.

Tamara no tiene intención de ir a la cabalgata ni falta que le hace a la comunidad LGTBIQ que lo haga. A ella sí le vendría de perlas acudir, porque, quizás, mezclada entre gente tan diferente se percate de que pesar más o menos y que su madre tenga novio a los sesenta son problemas menores. Aprendería que la gente que no es como ella y su ambiente enriquece tanto o más que los libros de su nuevo ‘tío’ Mario Vargas Llosa o los retiros espirituales. Pero a Tamara no le gustan los cambios.

En su día Tamara dijo: esto es un valle de lágrimas para todos, da igual si estás vestida de Dolce&Gabbana o de Bershka. Yo añado: más vestido o menos lo importante es ser feliz, solidario y comprometido. Querida, la felicidad se contagia.

Mucha tele que cortar

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