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Chiara Ferragni, ¿influencer de éxito o experimento sociológico?

Chiara Ferragni saltó a la fama el 19 de septiembre de 2013 durante la inauguración de la tienda de Stuart Weitzman en Milán

Foto: Chiara Ferragni en una imagen de archivo. (Gtres)
Chiara Ferragni en una imagen de archivo. (Gtres)

“De ‘Acacias’ para arriba”, Paquita Salas. Chiara Ferragni saltó a la fama el 19 de septiembre de 2013 durante la inauguración de la tienda de Stuart Weitzman en Milán. El diseñador de complementos estadounidense posaba para los fotógrafos con la modelo e imagen de la firma Kate Moss cuando la ‘influencer’ Chiara se unió a la pareja cogiendo a Kate de la cintura. Parecía una más del ‘fashion star system’. ¿Chiara era la nueva imagen de Stuart? ¿Habían terminado con su ‘histórica’ rivalidad modelos e ‘'it girls’? No, pero a ojos de los usuarios de Instagram lo parecía. La creadora del blog ‘The Blonde Salad’ vio cómo se incrementaban sus seguidores de forma masiva hasta hoy, que son más de 11 millones.

No desaprovechó la oportunidad: su perfil, por fin, era internacional. Las marcas se la rifaban. La ‘starlette’ ya era una estrella. Su blog, fruto de la necesidad de ella de compartir sus fotos y las de su exnovio –Riccardo Pozzoli- con el fin de presentar un proyecto de negocio para una asignatura de la universidad, se convirtió en una marca. Un imperio de 8 millones de euros que emplea a 26 personas. Hoy hay quien la admira y también quién la detesta e incluso la considera una especie de experimento sociológico.

Los que la aman

Sus seguidores adoran su naturalidad. La italiana no solo comparte fotos de editorial en las que aparece perfecta, sino que también incluye en su perfil de Instagram otras de escasa calidad donde la buena luz o un encuadre favorecedor brillan por su ausencia. Además lo hace cuando le da la gana porque ya no siente la presión de antes para alcanzar los ‘likes’ deseados. Juega en otra liga. Ella inventó, al alcanzarla, esa liga.

Back home with this one @matildaferragni but missing our @fedez 💔

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También ven con buenos ojos su facilidad para entrar al trapo y no mostrarse feliz cuando no lo está. ‘Mítica’ es la batalla entre sus ‘haters’ y ella cuando las primeras afirmaban que no estaba embarazada y la segunda se enfrentó a sus enemigas armada con un batallón de imágenes luciendo tripita con vestidos ajustados. Otros la siguen porque consideran que ha roto el molde del buen gusto establecido en las redes, tan alejado del estilo ‘lady’ de Olivia Palermo. La siguen considerando la chica de Cremona que nunca conseguiría un puesto de estilista en 'Vogue'. Los hay chismosos confesos que admiten estar enganchados a sus redes por la forma que tiene de exponer su relación con su novio Fedez.

Los que no la aman tanto por no decir que no la aman

Hay quien no entiende el éxito de Ferragni. No son pocos los que cuestionan su gusto, o su falta de él, no comprenden cómo puede suscitar interés un personaje cuya única habilidad consiste en vestirse de una marca. Los estilismos de la bloguera-empresaria casi siempre consisten en un look de pasarela tal y como se ha presentado en la semana de la moda de turno. Muy alejada de personal estilo de ‘Man Repeller’, que logra, gracias a la mezcla de prendas y firmas, el reconocimiento de crítica especializada y público.

Existe una corriente que considera que el personaje de Chiara Ferragni es un experimento sociológico que estudia cómo los usuarios de las redes se comportan para pertenecer a un grupo. ¿Recuerdan a ese menor de ‘El diario de Patricia’ que fumaba para hacerse el chulo? ¿Para pertenecer a los opresores y no a los oprimidos de la clase?

Los valedores de esta hipótesis especulan con que el estudio pretende demostrar cómo las personas interesadas en el mundo de la moda siguen un perfil tan alejado de ella para reafirmar su pertenencia a este grupo, al de los ‘fashion followers’. Esta teoría estaría respaldada por la realidad indiscutible de que cuando un ‘instagramer’ compra seguidores recibe el ‘follow’ de otros tantos reales que buscan reafirmar su pertenencia perdiéndose entre hordas de ‘bots’. A Chiara no le hace falta comprar. Supo usar en el momento adecuado su mayor debilidad (el anonimato internacional) como su mejor arma.

Mucha tele que cortar

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