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Alkimia: la magia ha vuelto

Probablemente el mejor exponente de la cocina catalana actualizada que se puede encontrar a día de hoy

Foto: Restaurante Alkimia en Barcelona
Restaurante Alkimia en Barcelona

Un lugar como Alkimia es difícil de encontrar fuera de Barcelona. En primer lugar, se tienen que dirigir a la antigua fábrica de cerveza Moritz, llaman al telefonillo del portal para que les abran y, después de subir las escaleras de la finca y llegar al principal, encontrarán un pequeño local con seis mesas, una original decoración (realizada por Chu Uroz –que ha trabajado con La Fura dels Baus y Bigas Luna– y que se aleja de todo lo habitual de un restaurante) y una cocina vista donde Jordi Vilá y su equipo trabajan el mejor producto que hayan podido recibir ese día.

Cuando se habla de Jordi Vilá se está haciendo mención a uno de los mejores exponentes (el mejor a juicio de este Gato) de lo que se puede llamar cocina catalana actualizada: productos y platos tradicionales perfectamente identificables, pero diseñados con un componente de creatividad que, en el caso del nuevo Alkimia, crean una experiencia diferente y mucho más ambiciosa de lo que se suele asociar a las recetas tradicionales de la zona.

No hablamos de un chef mediático, Jordi Vilá ni siquiera tiene perfil propio en las redes sociales y no es un cocinero que se prodigue en ferias y convenciones, pero la suya es una de las trayectorias más personales de Cataluña y uno de los mejores conocedores de la cocina tradicional catalana –considerado por muchos como el mejor cocinero creativo de Barcelona–. Con una trayectoria siempre ligada a su tierra, nunca ha tenido miedo de embarcarse en nuevos proyectos. Ha sabido aprender tanto de los aciertos como de los errores hasta que, en 2011, se hizo cargo del proyecto de Moritz en Barcelona, proyecto que ha ido creciendo y al que pone la guinda con este nuevo Alkimia.

Chipirones rellenos de butifarra negra
Chipirones rellenos de butifarra negra

Pero vamos a hablar de la cocina de Jordi Vilá; no nos vamos a remontar a su primitivo Alkimia de hace casi 15 años y a sus platos míticos porque es un cocinero en evolución constante y porque, probablemente, su nuevo restaurante es el que mejor refleja lo que Jordi quiere hacer en la cocina. 

Encontrarán una carta no demasiado extensa cuyo menú del día se confecciona ampliando la oferta Alkimia en función de los productos que han entrado esa misma mañana (este Gato tuvo la suerte de dar con un magnífico bogavante). Además, disponen de 11 platos más postres donde pueden encontrar guiños a preparaciones tradicionales como un estupendo mar y montaña de chipirones rellenos de butifarra negra con garbanzos de patata o bien una coca que, en este caso, es de buey de mar con calabacines, 'gelée' de rabo de toro y mora.

Coca de buey de mar con calabacín
Coca de buey de mar con calabacín

Hay sitio para la espectacularidad en un tartar de cigalas, gambas y pescado (en mi caso lubina) acompañado de caviar que viene en dos servicios, teniendo el segundo el sugerente nombre de Bocatto di Cardinale, que corresponde perfectamente a la cabeza de la gamba coronada por una más que generosa cucharada de caviar.

Tartar de gambas, cigalas y lubina
Tartar de gambas, cigalas y lubina

No se olvidan de los productos de la huerta y la ensalada de tomates cherry, marinados, curados y macerados con vinagreta de queso fresco es un buen ejemplo de la técnica de un cocinero capaz de mejorar los componentes básicos de una receta sin que pierdan ni un ápice de su sabor. Destacable un bonito en escabeche de pimiento y arenque que, una vez más, demuestra la impecable técnica y el profundo conocimiento del producto que encontrarán en Alkimia. Y notable un pepino de mar con oreja de cerdo y puré de trufa que vuelve a ser una personal interpretación de un mar y montaña.

Ensalada de tomates cherry
Ensalada de tomates cherry

Ternera y pichón en la carta de carnes

En el apartado de carnes, aunque todos los platos son destacables, el pichón de sangre con romesco de 'muntanya' y cerezas vuelve a demostrar la capacidad de este cocinero de crear nuevas alternativas a platos tradicionales al macerarlo durante 48 horas en agua de anchoas y servirlo con una salsa elaborada a base de este pescado, un plato que ya tiene algunos años pero que por suerte sigue vigente en la carta de este nuevo local. A mí me encantó una molleja de ternera acompañada con un ravioli de 'cap-i-pota' a la vinagreta con un sabor mucho más delicado de lo que el enunciado del plato pueda sugerir.

Molleja de ternera con ravioli de 'cap-i-pota' a la vinagreta
Molleja de ternera con ravioli de 'cap-i-pota' a la vinagreta

Después de un menú largo, se agradecen unos postres ligeros, aunque el pastel de chocolate con helado de ciruelas escabechadas es algo que no deberían dejar de probar. Además de comer, en Alkimia se puede beber muy bien, una extensa carta no excesivamente subida precio con una buena oferta de vinos naturales y biodinámicos y una cuidada selección de champanes permiten redondear la comida con un buen acompañamiento.

Mención aparte al servicio de sala; profesionales, atentos, educados... con esa capacidad de atender sin agobiar que a uno le gustaría encontrar en todos los sitios que visita. En resumen, un afortunado reencuentro con la cocina de un chef cargado de talento, capaz de innovar y descubrir nuevos límites en la cocina catalana.

Alkimia
Ronda de Sant Antoni 41, principal
Barcelona
93 2076115
 

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