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Sobre por qué ser periodista freelance es tan frustrante como ligar

¿Te quejas de que tu novio no valora tus detalles o te cansa el que no responda a tus mensajes? Estás experimentando la vida de un plumilla autónomo

Foto: Este es mi día día, aunque sin maquillaje ni dignidad.
Este es mi día día, aunque sin maquillaje ni dignidad.

Autónomos del mundo, me compadeceréis cuando os confiese que hace seis meses decidí 'motu proprio' hacerme 'freelance' pese a que hordas de amigos inmersos en esta sísmica situación laboral me lo desaconsejaran. Sufrí el clásico “conmigo será diferente”, ese que tantas veces he gritado a mis amigas cuando me han advertido que no vuelva a ver a ese tipo que a tantas otras ya se la ha liado en anteriores capítulos. Hice mío el lema “quién no arriesga, no gana” y no hice caso a ninguno de los consejos. Flashfoward: ¡Ay, si yo hubiera sabido que ese 'no gana' era tan literal en mi futuro laboral...! "Vaya: eres igual de idiota en el trabajo que en el amor", me dije. De nuevo, había repetido el error que llevo años bordando en mi vida amorosa: no escuchar los consejos y advertencias de los demás. Así fue como, poco a poco, me di cuenta de que el periodista freelance es muchas veces tan pringado como el que intenta ligar y es ninguneado.

Lo primero que tienes que hacer para vivir como autónomo, al igual que para encontrar pareja o un rollo de una noche, es gustar. Ahí estaba yo, revisando los contactos de mi móvil, de mi correo electrónico y, cómo no, de mi Facebook (¿quién no ha hecho eso, también, para ligar?) para seducir a algún contacto que pudiera ofrecerme trabajo. Cuando digo seducir, aclaro, no lo digo con tintes sexuales, que me despierto con terrores nocturnos al recordar la de comentarios que leo en el blog por parte de hombres que me acusan de acostarme con el jefe, con el panadero o con el chaval de Deliveroo por el simple hecho de ser mujer. Lo digo porque nunca he leído que alguien acuse a un periodista masculino de haberse acostado con toda la plantilla para poder escribir un artículo.

Tras el cortejo –repito, es una metáfora, M-E-T... bah, los que fueran a acusarme de acostarme con todo el Planeta Tierra ya me odiaban antes de llegar a este punto, así que mejor no me explico más– llega la primera cita: el primer encargo de un medio. Te pones tus mejores galas –es decir, contrastas fuentes, escribes con cariño y te aseguras de que el final de tu texto sea un auténtico orgasmo– y lo entregas antes de la fecha de entrega, porque has de demostrar que eres rápida, que eres buena, que eres la mejor. Y entonces, te ocurre como esa vez que preparaste una cita con muchísimo mimo y con tantos detalles que la misma pareciera destinada a formar parte de algún reality cursi de 'dating', esa a la que tu amado llegó sin darse cuenta de absolutamente nada. Esa que no valoró lo más mínimo y que afrontó con una introducción maravillosa, elocuente y 'shakesperiana': “Quiero una cerveza”. Ese “quiero una cerveza” es el “ok” que recibes muchas veces por email tras haberte preparado un texto con rigurosidad. Ese “quiero una cerveza” es lo que piensas cuando ni siquiera recibes como respuesta un “ok”. Ese “quiero una cerveza” es lo que piensas cuando a las seis de la mañana te sientas en tu mesa para escribir esos temas que tanta prisa corren de repente, pese a que los propusiste hace semanas para poder cuadrar tu infernal agenda carente de vida social.

"Esperar a ese hombre que no te presta la atención suficiente es como esperar a que den luz verde a un artículo que te encantaría escribir"

El siguiente paso es el luz de gas laboral. Propones temas y nadie responde. Te enfrentas a la nada, a un soliloquio constante en el que citas fuentes, en el que propones enfoques, en el que das titulares. Te ocurre como cuando ese chico te hizo su primer 'ghosting' y te planteaste si había llegado el momento de hablar con otros. “¿Debería proponer a otra persona el tema o he de quedarme sentada esperando una respuesta?”, te preguntas. El spoiler es el siguiente: ni el 'ghoster' va a volver, ni van a responderte en el campo laboral si ya no lo han hecho. ¿Terrible? Desde luego. ¿Cierto? Me temo que sí. Si un día tienes los santos ovarios de hablar con el que te encarga temas pero ignora tus propuestas, te dirá lo mismo que ese hombre al que un día le echas en cara no hacerte el caso suficiente: es que estoy muy ocupado. Pues ¿sabes qué, cariño? Todos lo estamos.

La 'freelance' y el poliamor

Al igual que con una pareja o con un ligue hemos de tener un mínimo de empatía, en el terreno laboral también. Sé que decir que algo no te gusta es muy complicado, pero esa es precisamente una de las razones por las que el 'ghosting' se ha instalado en nuestras vidas, porque no queremos pasar el sofoco de tener que decirle a alguien que no estamos interesados. Mis consejos para ser periodista freelance y no morir en el intento son los mismos que para encontrar el amor sin fallecer: hablar con muchos, tantear a muchísimos y agarrarte a los que realmente te interesan. El problema es que yo nunca he creído en el poliamor y el 'freelancismo' es un poliamor laboral constante. Sin embargo, sí creo en las aventuras en las que te tratan con respeto, por lo que si en tus 'affaires' laborales no te respetan y si no recibes respuestas de esos editores, huye. Porque al igual que en el amor has de hacer ver que no vas a estar esperando siempre a ese hombre que no te presta la atención suficiente, en el ámbito laboral hay que demostrar que si alguien no quiere ese tema que a ti te entusiasma, habrá otro que sí te lo quiera comprar.

ACLARACIÓN: al releer el texto, me he dado cuenta –spoiler– de que al finalizarlo me contradigo sobremanera llegado este punto. He preferido dejar el texto tal cual, con su incoherencia bien presente, para demostrar que esto ocurre en el amor y en el trabajo. Aseguras que no vas a aguantar esa situación ni un segundo más y ¡BOOM! te sorprendes aguantando de nuevo. Si somos contradictorios en la vida, también en los textos. Sí, me he quedado muy tranquila. Pero lo mejor es que hagáis caso al consejo final y no a este, que es un poco Mr.Wonderful e ingenuo.

Como en toda relación, llega un punto en el que estas te pasan factura(s). Sí, facturas. Te esfuerzas por ser metódico, por guardarlas en su carpeta correspondiente y por tenerlas al día para que no se te olvide nada. Escribes la cantidad que te pagan, le quitas ese IRPF que se te lleva un trocito de alma y de tu alquiler y le sumas el absurdo IVA, que es el equivalente financiero al hombre casado: disfrutas de él a sabiendas de que no es tuyo y terminas sufriendo en tus carnes las consecuencias de haber hecho uso de él. Cuando sumas las facturas, te das cuenta de que has dedicado todo tu esfuerzo y demasiadas horas de tu vida a lograr una cantidad tan pequeña como las ganas que de repente tienes de seguir proponiendo temas. Algo así como cuando te has pasado meses luchando por mantener a flote una relación y llega San Valentín y te vuelves a topar con ese “quiero una cerveza” mientras llevas en la mano un regalo que llevas meses preparando.

Otras veces te enfrentarás también al símil del novio que pide mucho y da poco. Te exige que seas cariñosa, divertida y atenta pero su mayor gesto de aprecio es limitar un poco el 'manspreading' al tirarse en el sofá para darte un beso en la frente de vez en cuando. Te pagarán poco por artículo, pero tendrás que buscar muchas fuentes, editar tus textos, encontrar fotos y hacer una ouija para hablar con Marilyn Monroe para que te dé unas declaraciones con motivo del aniversario de su muerte. A cambio, el ya mencionado “ok” o la ya mencionada paupérrima cantidad que recibes a cambio.

Cómo prescindir del indeseable

Siempre que hablo de relaciones alguien me acusa de estar generalizando, y yo me pregunto si ese alguien quiere que hable de las, no sé, 2.000 millones de relaciones que quizás hay en el mundo. Si quiere que vaya caso por caso hasta que encuentre aquel en el que pueda reconocerse. Por supuesto, hay medios y editores que no son así, pero mis meses de experiencia me indican que este nuevo terreno laboral es similar al que tan bien me conozco en el ámbito amoroso. El problema es que en el amor, prescindir de un indeseable conlleva simplemente prescindir de un revolcón, pero en el ámbito laboral, no permitir que te ignoren constantemente deviene en no cobrar. ¿Moraleja? Si eres periodista freelance, al menos demuestra tu valía en el campo amoroso y no permitas que te hagan en él un luz de gas. Pero en el ámbito laboral, querido mío, vas a tener que aguantar lo que jamás deberías aguantarle a una pareja. Qué queréis que os diga: sería maravilloso recomendaros que mandéis a la porra a todos los clientes que no os tratan con el respeto que merecéis, pero no quiero pecar de ingenua y conduciros a la ruina. No pienso dar ningún consejo que haga que vuestro bolsillo se resienta, que para eso están los Martes y Trece del 2017: Silvia Charro y Simón Pérez.

Ahora, con vuestro permiso, me voy a revisar el correo para ver si me han respondido a ese email que mandé hace tres semanas en cuyo asunto rezaba la palabra 'urgente'. El tema que por aquel entonces propuse está ya más pasado que el 'Aserejé', pero siempre me gusta comprobar la rigurosidad con la que me ignoran.

Portada de 'Antimanual de autodestrucción amorosa' (Editorial Aguilar)
Portada de 'Antimanual de autodestrucción amorosa' (Editorial Aguilar)

'Antimanual de autodestrucción amorosa' (ed. Aguilar) es el primer libro que publica la periodista Marita Alonso, quien se ha convertido en nuestra consultora semanal en cosas de amor, desamor, sexo y otras dichas y desdichas. Plantéale tus preguntas e intentará darles respuesta.

En la cama con Marita
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