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Cuando Instagram se convirtió en Tinder

Quizás no te hayas animado a bajarte Tinder, pero si tienes Instagram, cuidado: es más que probable que termines ligando a través de la app que más filtros y 'likes' acumula

Foto: Imagen: Dolce & Gabbana
Imagen: Dolce & Gabbana

He de confesar que hace meses que no utilizo Tinder. Lo cierto es que esta app me ha reportado algunas noches divertidas y un sinfín de historias que más tarde terminaron plasmadas en mi libro 'Antimanual de autodestrucción amorosa', pero no consiguió que encontrara eso que llamamos amor. Lo sé: Tinder no está SOLO para encontrar el amor, pero no me avergüenza decir que cuando me lo abrí, buscaba pareja. La posibilidad de encontrarla desde el sofá, como cuando pides un menú del chino de la calle de al lado a través de Glovo, era demasiado cómoda. Por aquel entonces lo del athleisure todavía no estaba de moda y salir en chándal a cenar o a ligar estaba mal visto. Cuando comencé a acumular historias dignas de 'CSI Las Vegas', y no de 'Sexo en Nueva York', decidí que Tinder, para mí, se había terminado. Lo que no sabía entonces es que tenía en el móvil una app mucho más 'tinderesca' que el propio Tinder. Sí: es más que posible que hayas hecho o que alguien haya intentado ‘tindstagrammear’ contigo a traves de Instagram.

Instagram existe para demostrar al mundo lo bien que te lo pasas, lo maravillosos que son los desayunos que te metes entre pecho y espalda y lo guapísima que estás cuando tienes encima diez kilos de maquillaje y cien filtros. Pero también está para ligar, porque parece imposible que una aplicación cargada de fotografías no termine siendo una vía para encontrar sexo. A mí esto me parece perfecto, porque en Instagram puedes ver no solo las fotos que la gente sube, sino aquellas en las que han sido etiquetados y en las que hay menos filtro y más realidad. En Tinder las fotos son las que son y, claro, en el cara a cara llegan las sorpresas. El problema de usar una app para ligar cuando su cometido no es tal es que te topas con una ausencia absoluta de armas de reacción. De repente, los mensajes privados se llenan de solicitudes de desconocidos que te sueltan un simple ‘Hola’, algo precioso si un desconocido te saluda por la calle y sigue su camino, pero inquietante cuando lo hace a través de las redes. No sé, si quieres empezar algo, bien sea una charla o una aventura… Pon algo de ingenio en el asador, ¿no? Sin embargo, no son esos ‘Hola’ abandonados los que me preocupan, sino los mensajes repentinos subidos de tono. Os voy a poner un ejemplo. Un ejemplo real. Hace un par de semanas, recibí este mensaje. Me disculpo de antemano por su contenido.

Vale, de momento solo quiero follarte, es evidente, pero mientras voy viéndote foto por foto, además quiero hablar contigo, ya que pareces tener conversaciones interesantes, así directas y sin tapujos. Aunque quisiera destacar que quiero follarte muy fuerte”. El desconocido acompañaba el comentario de un corazón, que funciona como el nuevo guiño que rebaja el contenido del mensaje anterior.

Celebro -no literalmente, que hinchar globos y sacar confeti para celebrar estas cosas sería ciertamente inquietante- que pueda resultarle atractiva a alguien y, sobre todo, que ese alguien crea que puedo tener conversaciones interesantes, pero no necesito que me suelte lo que quiere hacerme en la cama. De verdad que no. No quiero erigirme como el ejemplo de la mujer por antonomasia porque tengo más taras que la lencería de un mercadillo de las afueras, pero creo que un altísimo porcentaje de mujeres jamás haría eso. Por mucho que yo vea la foto de un irresistible hombrón en Instagram, nunca le escribiría un “Te quiero follar”. Y, ojo, quizás lo esté pensando, pero no se trata de soltar todo lo que se nos pasa por la cabeza, ¿no?

El caso es que muchas personas utilizan el Instagram como el nuevo Tinder. Tengo amigos que se hacen una foto sexy, la cuelgan y a los pocos segundos reciben mensajes privados. “¡Qué horror, X no me ha escrito!”, gritan con rabia. Porque la foto que subieron no busca solo un aluvión de 'likes', sino el aplauso de la persona que les gusta.

El apartado de mensajes también es el centro de reuniones y reconciliaciones con amantes del pasado, esos que casualmente escriben cuando has subido una foto nueva. De repente, alguien del pasado te suelta un ‘¡Cuánto tiempo!’ y el ligoteo se reactiva gracias a una fotografía en la que miras pensativa para un lado, porque es por todos sabido que en Instagram las fotos en las que pones carita de estar reflexionando triunfan. Vale, en realidad gustan más las imágenes en las que llevas poca ropa y nadie se fija en si miras hacia un lado o tan siquiera en si tienes ojos con los que mirar, pero ya me entendéis.

El año pasado estuve una temporada -porque duró una primavera/verano, luego parece que la tendencia dejó de serlo y ambos tuvimos que cambiar de colección- con un hombre al que conocí por Instagram. En realidad, nos habíamos conocido en persona y yo -sí: las mujeres también tomamos la iniciativa- le escribí a través de Instagram y el resto ya es historia. La diferencia es que mi mensaje era amigable. Jamás le habría escrito “Te quiero follar”, como muchos sí que hacen. Como nuestra 'relación' comenzó a través de Instagram, se forjó mediante esta app. Cuando subía un story, consideraba que este era inservible hasta que comprobaba que él lo había visto. Si me comentaba -siempre en privado- una foto, saltaba de alegría. Y, por supuesto, si de repente otra mujer firmaba sus fotografías y se instalaba en mí la sospecha de que era otro ‘affaire instagramero’, me amargaba de forma absurda. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que Instagram es perfecto para ligar, pero que hay que saber cuándo el otro también quiere hacerlo. Al igual que los que tienen Tinder quieren encontrar sexo, pareja o ambas cosas, en Instagram no, por lo que hay que tener esto en mente a la hora de mandar mensajes privados. Señores del mundo, si lo hacen, les agradeceremos enormemente que no nos relaten la suerte de tabla de Kamasutra que quieren hacer con nosotras. Para finalizar, en un momento en el que estamos interconectados y en el que saber lo que el otro hace es más fácil que nunca, los celos y las inseguridades salen a flote a golpe de 'like,' por lo que si utilizas Instagram para ligar, he de recomendarte que tengas siempre una valeriana al lado.

Portada de 'Antimanual de autodestrucción amorosa' (Editorial Aguilar)
Portada de 'Antimanual de autodestrucción amorosa' (Editorial Aguilar)

'Antimanual de autodestrucción amorosa' (ed. Aguilar) es el primer libro que publica la periodista Marita Alonso, quien se ha convertido en nuestra consultora semanal en cosas de amor, desamor, sexo y otras dichas y desdichas. Plantéale tus preguntas e intentará darles respuesta.

En la cama con Marita
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