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Shunka, una taberna japonesa en Barcelona

Una cortina japonesa que oculta un estrecho paso, la frontera de la Ciudad Condal con Japón. Apenas unos metros a través de un oscuro pasillo nos adentran en un mundo distinto y apasionante

Foto: Shunka, una taberna japonesa en Barcelona

Nos gusta Barcelona. La estética de sus calles limpias y ordenadas, la rompedora huella ‘gaudiana’ en alguna de sus fachadas, el Raval con su bullicio y su Boquería, el Example y sus atractivos escaparates, y nos gusta de manera especial el barrio gótico. Cualquier domingo del año es un buen momento para disfrutar de un laberinto de calles, con sabor y con color. Tras dedicar un tiempo suficiente para admirar dos de las joyas góticas más hermosas de la península, Santa María del Pi y la catedral, aprovechen la oportunidad que nos ofrece en las proximidades de esta última otro templo, en este caso del buen comer.

Si alguien pasa por la fachada de Sagristans, 5, le llamará la atención una cortina japonesa que oculta un estrecho paso, la frontera de la Ciudad Condal con Japón. Apenas unos metros a través de un oscuro pasillo nos adentran en un mundo distinto y apasionante, el mundo de Hideki Matsunhisa. Junto a parte de su familia, este cocinero de Toyota abrió esta taberna japonesa hace poco más de una década y no tardó en dejar huella. Bajo la oscuridad, y en un ambiente un tanto cargado, conviven unas cuantas mesas no demasiado separadas y una barra. La barra.

Es en alguno de sus codiciados taburetes, donde mejor se aprecia la maestría de unos verdaderos malabaristas de los cuchillos y los fuegos. En frente se situará un cocinero que, tras intercambiar los correspondientes saludos y la información necesaria para conocer sus preferencias e intolerancias, le sugerirá un menú con las mejores propuestas de cada día. Si además tienen la suerte de que ese cocinero sea el japonés 'Miguel', su disfrute se verá incrementado con el conocimiento y pasión de este excepcional profesional, socio también del restaurante. 

Lo más importante y cuidado de Shunka es la calidad de los productos que emplea. A lo largo de estos años, Hideki ha tejido una red de proveedores que garantiza una materia prima excepcional. Los pescados y mariscos, de distintas procedencias pero con el denominador común de su frescura y sabor, son los reyes de la oferta, pero las verduras y hortalizas no desmerecen al resto. Con todo ello se nos ofrece una cocina en la que combinan un muy variado elenco de preparaciones. Crudos, salteados, fritos, parrilla, tempura, wok y tantas otras consiguen que el mero hecho de contemplar el minucioso y delicado trabajo del numeroso grupo de cocineros que transitan la minúscula cocina a la vista suponga un espectáculo sin par.

El repaso a alguno de los platos que hemos degustado allí a lo largo de los últimos años nos confirma que nos encontramos ante un lugar sencillo, pero memorable. Porque memorable fue la sopa de espardenyes, perfecta combinación de plato japonés con el mejor producto mediterráneo, que tomé hace algún año, o cualquiera de las preparaciones con toro, ya sea en sashimi, nigiri, tartar o tataki. También sobresale el bonito soasado con salsa ponzu, los salmonetes en carpaccio o la tempura de cococha de merluza. Pero cada vez que uno vuelve a Shunka, es de nuevo sorprendido por novedosos productos y preparaciones adictivas que nos seducen y nos invitan a repetir.

Carta de vinos y postres cumplen con el compromiso y el servicio es cercano y profesional. Aunque en la barra, no lo duden, con 'Miguel' tienen suficiente.

Koy Shunka. C/ Sagristans, 5,. Barcelona

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