Vinoteca Moratín: desvelando el secreto mejor guardado del barrio de las Letras
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Vinoteca Moratín: desvelando el secreto mejor guardado del barrio de las Letras

Si está usted leyendo estas líneas, lo más probable es que haya pinchado en el titular de este artículo por varios motivos. Por ejemplo, puede que le extrañe que esté dando publicidad a este 'pequeño' local

Foto: Vinoteca Moratín
Vinoteca Moratín

Si está usted leyendo estas líneas, lo más probable es que haya pinchado en el titular de este artículo porque: A) No le suena de nada la Vinoteca Moratín,B) Sabe de qué estamos hablando y entiende que ya era hora de que se publique algo sobre esta buena casa de comidas o C) Se está acordando de mi padre por darle publicidad al secreto mejor guardado del madrileño barrio de Las Letras. Hay una especie de pacto de silencio para no abarrotarlo que yo, a pesar de las presiones recibidas, voy a romper hoy.

En dos años y medio de vida, Marcos Gil ha conseguido que su casa de comidas sea una referencia en el barrio de las Letras de Madrid, una zona cada día más interesante desde el punto de vista gastronómico. El entorno es muy importante para Marcos:hace la compra todas las mañanas en el mercado deAntón Martín, adquiere el vino en una tienda a la vuelta de la esquina y siempre está atento a la oferta que le rodea. Es imposible no interesarse por el local cuando uno pasa por delante de lo que, a primera vista, parece un escaparate de una galería o tienda de muebles, y es difícil resistirse a entrar para investigar y conocer mejor qué está pasando en el interior.

Es un sitio pequeño, no hay más de 12 mesas con una buena separación entre ellas, decorado de forma sencilla y sobria, con unas bonitas vigas de madera y un ambiente acogedor. Las paredes están vestidas con arte contemporáneo de una calidad y sensibilidad en desuso en los restaurantes de nuestro país. No en vano, al estar situado en una zona de museos, los responsables de los mismos eligen Moratín para comer con sus visitas, convirtiéndose sus obras de arte en el centro de la conversación en cuanto llegan. Además, una excelente iluminación del local lo convierte en un lugar idóneo para una cena para dos.

La propuesta gastronómica consta de pocos platos, los 12 de la carta y alguno más en función de la temporada y lo que haya en el mercado ese día. A pesar de la escueta oferta, descartar platos resulta un dilema para el cliente, porque apetece probar todos. La clave es ofrecer un buen producto cocinado sin complicaciones.

Los puerros con salsa romesco se han convertido en un clásico de la casa. Se cocinan confitados, por lo que quedan tiernos y jugosos, y acompañados por la famosa salsa catalana, algo aligerada, recuerda a los conocidos calçots.

Entre las propuestas de pescados sobresalen un sabroso pulpo de Santoña con aceite de pimentón y cilantro sobre un parmentier de patata y un exquisito salmón, ligeramente marinado en casa con sal y azúcar, bien desgrasado y acompañado de una vinagreta de encurtidos. También merece la pena el bacalao, perfecto de punto, sobre una excelente escalibada.

En el apartado de carnes, son notables los canelones rellenos de carrillera de ternera y el pollo asado al albariño, con un toque de acidez y una jugosidad en las piezas que lo convierten en uno de los platos imprescindibles. Aunque si hay uno que no se puede dejar de pedir, es el steak tartar, cortado a cuchillo y perfectamente aliñado;es uno de los mejores que se pueden probar en la capital.

Los postres no bajan el nivel del resto de la comida. La degustación de quesos o el coulant de chocolate, con un porcentaje alto de cacao, que se puede complementar con un buen helado de violeta, son una buena forma de acabar la comida. O una exquisita tatin de manzana, que recién salida del horno no les dejará indiferentes.

La carta de vinos es todo un descubrimiento. Relativamente corta y con referencias escogidas con criterio, destacan los vinos de pequeño productor, tanto nacionales como internacionales, a precios muy asequibles. Como decíamos al inicio, trabajan con Bodegas Trigo, una tienda de vino a la vuelta de la esquina, con cuyo dueño eligen los vinos que entran en carta y que, además, les permite tener un stock razonable a escasos metros del restaurante.

El encanto de la Vinoteca, su buena propuesta gastronómica y su apetecible bodega se completa con un servicio volcado en el cliente. No doblan mesas, aunque tienen solicitudes de reserva para darle tres vueltas, para que el comensal llegue tranquilo y disfrute sin prisas. Marcos está en todas partes, en la cocina y en la sala, tomando la comanda y explicando con pasión y detenimiento cada plato que ofrece. Allí le ayuda Chema, la eficiencia personificada, siempre con un trato agradable. Es destacable cómo un restaurante solo con tres personas, una en cocina, otra en sala y otro en ambos sitios pueda funcionar como un reloj en ritmo y atención.

Para rematar, los precios son muy razonables. Por lo que aaquellos que no lo conozcanles recomiendo que lo hagan. Y los que ya han estado, espero perdonen la revelación de este pequeño rincón gastronómico.

Vinoteca Moratín.C/ Moratín, 36.Madrid. Tlf: 911 27 60 85

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